Las trompetas de Mislata suenan en Jérica. ¿Qué relación guardan la población de Castellón y nuestra Villa, último enclave de los galos en la Horta?
Gracias a una amable lectora de Mislata News pude entrevistar a un habitante de Mislata que hace más de ocho lustros nació en Jérica. No revelaré su filiación porque se ha acogido al programa de protección de testigos de Mislata News que administra nuestro director.
Hay relación, aunque la distancia nos separa hay personas que vivían en Mislata y que huyendo de los precios imposibles de nuestro parque urbano, ¿será la gentrificación?, se han acogido a los precios un poco más amables de la comarca del Alto Palancia.
En Mislata a pesar de la inacción política, o quizá precisamente por ella, triunfa la versión más berlanguiana del capitalismo salvaje, y cada vez más bajos en que el pequeño comercio ha sido desahuciado son “reciclados” como infraviviendas pese a no reunir las condiciones de habitabilidad.
Los que todavía no renuncian a vivir con ventanas en su dormitorio emigran, como algunas aves a lugares en donde la codicia no estrangula completamente sus posibilidades de pagar una habitación digna. Luz y ventilación no deberían ser nunca un lujo, sino un mínimo común denominador de la existencia de esta humanidad triste y confinada en que vamos
mutando, no se sabe bien si como efecto secundario de las vacunas, todavía en fase experimental, o de la proverbial impericia de las personas que se dedican a la política, aunque todo lo anterior no sea de su competencia, departamento o negociado.
Me animo a escribir ahora que concejales de vacaciones no van a tener disgusto, y con la esperanza de que antes de que retornen para las “no fiestas” patronales y municipales, en que este artículo ya habrá sido sustituido por uno más reciente y conciliador.
Entre tanto a todos los conciudadanos de Mislata animo a tomar el tren en la Estación del Norte de buena mañana, y bien sea con la conexión directa desde Valencia a Caudiel, o
mediante el consabido cambio de trenes en Sagunto puedan llegar en poco más de una hora a otro mundo.
Una pequeña constelación de poblaciones rutilantes encabezadas por Jérica pero entre las que cabe señalar también Segorbe, Navajas, y algunas otras que se asoman a la vía verde de ojos negros.
Algunas horas después tras pasear por sus caminos rurales pueden retornar con el último tren de la tarde. La comarca les asegura una experiencia paisajística, cultural, gastronómica y lúdica memorable. Si lo miramos bien está tan cerca, y es realmente otro mundo. Los trenes de cercanías se convierten aquí en una especie de extensión del metro.
Nuestro vecino “jericano” de origen y “mislatero” de adopción muchas cosas me contó, suficientes para desgranar en varios artículos, y cuando me relataba su infancia en Jérica se iluminaban sus ojos, cómo vio llegar la luz eléctrica pero recordaba los candiles, y tantos otros “signos” del progreso.
Avances de la urbanización de aquellos pueblos que tienen como todo una doble cara, porque la verdad es que en muchos sentidos en Jérica se vive mucho mejor que en Mislata, gracias a su parte más rural y menos urbana.
Es verdad que Mislata no puede aspirar a volver a su pasado agrícola, porque es ciudad dormitorio y no ha podido preservar ni una brizna de la horta de la que nominalmente formamos parte, aunque en el relato de nuestro paisano habita la convicción de que muchos avances que rechazaron en Jérica acabaron implantándose en la vecina Viver, y esta experiencia es extrapolable a Mislata.
Sin duda es lo que nos pasa a veces a nosotros, cuando vemos que tantas oportunidades se escapan en dirección a Quart. No hay que perder la esperanza, la solución no puede ser que todos nos mudemos a Jérica, sería seguramente para repetir los mismos errores, lo suyo es que recapacitemos, nos reconciliemos con nosotros mismos, y hagamos una enmienda a la totalidad del modelo de ciudad que de facto nos ha convertido en un barrio de Valencia. Todavía estamos a tiempo.