Vivimos rodeados de palabras. Llegan desde las pantallas, los teléfonos, los periódicos, las radios, las redes sociales. Nos despiertan con ellas y nos acostamos con ellas. Palabras que informan, que convencen, que manipulan, que indignan, que prometen. Palabras que cada día parecen tener menos tiempo para ser leídas y demasiado poder para no ser comprendidas.