Por fin tenemos elecciones a la vista. Se acerca según todos los analistas un cambio de ciclo político. Es maravilloso que estos cambios políticos se puedan producir pacíficamente a través del ejercicio del sufragio, el voto sustituye al enfrentamiento, como en el derecho sustituye a las armas.
Incluso cuando el resultado del ejercicio electoral no nos favorezca tenemos que reconocer que es un gran invento griego el sistema democrático a la hora de decidir el futuro común y los líderes que deben dirigir ese proceso.
Este elogio de la democracia no quedaría completo si no se advirtiera sobre las flaquezas del sistema democrático. Sucede con relativa frecuencia que aquel que ejerce el gobierno se resiste a dejar paso a otros compañeros de su propio partido, o a favorecer la alternancia de los que estuvieron hasta entonces en la oposición. Esas miserias humanas que no conseguimos despejar, y que implican una falta de elegancia que deja patente la catadura moral de algunos.
El refranero y la sabiduría popular ya estableció que si quieres conocer a alguien simplemente dale poder. Ese poder que se sube a la cabeza y trastorna a los que quizá ya venían trastornados de casa. Los diputados y senadores, como el gobierno, no representan tan sólo a sus votantes sino en realidad a toda la nación. El patriotismo constitucional bien entendido nos lleva a entender esta verdad profunda. Y es que en distintos momentos unos actores y otros irán sucediéndose en los honores, las dignidades y responsabilidades.
Cuando alguien se aferra al poder de una forma enfermiza se delata, porque como el esclavo recordaba a los emperadores romanos susurrando al oído regio: «recuerda que solamente eres un ser humano». Hay una parábola maravillosa en que el mayordomo que sabe que va a ser despedido por el amo se dedica a perdonar las deudas de los que dependían de aquél, y de hecho cuando el amo se da cuenta elogió su picardía, porque no le iba a faltar nunca un lugar al que acudir donde hubiera gente agradecida a su gestión.
Yo me pregunto a donde podrán allegarse los ministros y miembros del gobierno cesante, al anticipar las elecciones no les ha dado tiempo de favorecer a quienes luego puedan devolverles el favor. Todavía están a tiempo a través de la Diputación Permanente del Congreso de repartir una lluvia de millones entre sus conciudadanos. Sería bueno que lo hicieran para ellos, y para nosotros.
Entretanto seguiremos elogiando la democracia, el menos malo de los sistemas políticos que hemos podido conocer desde que el genio griego le puso nombre (y apellidos). Por eso y ante la certidumbre de que todos los falsos ídolos descubren indefectiblemente que tienen los pies de barro, respiro hondo y suelto lastre con una sonrisa. Por fin…