Ramana, una vez a la semana

Percibir la realidad en toda su extensión es una bendición

Ramana Maharshi, en Mislata, habría compartido el silencio y los mantras en el templo hindú Hare Krishna de la Avenida Blasco Ibáñez.

El Tao y el Zen respiran en esta ciudad tan pequeña que no se ve en el mapa, fagocitada por Valencia, Quart y Xirivella. Una ciudad dormitorio donde los sueños sincronizados y concentrados de tantos la convierten en una fábrica de pesadillas que exportamos a toda España.

Nuestro municipio es capaz de quitar el sueño a los insomnes y, organizando conciertos multitudinarios y mascletás inverosímiles, devolver a la vigilia a la bella durmiente. Me imagino a Rosalía en concierto en la gran explanada, rodeada por millones de vecinos de otras localidades del cinturón rojo de Valencia. Aunque, vista la ambición de nuestro ayuntamiento, podría incluso resucitar a Simone Weil para que diera una conferencia durante las jornadas de Teatre al Carrer.

La concentración inhumana de población en Mislata, la densidad inimaginable que allí se da, implica que si todos los vecinos bajaran a la calle a la vez, y no por turnos como hasta ahora, veríamos cómo el suelo se hunde y colapsa esa estructura de sustentación, para aterrizar todos en los andenes del Metro. Percibir la realidad en toda su extensión es una bendición.

Y, sin embargo, Ramana respondía sensatamente con el silencio. Se acumulan los problemas y, en el circo de Mislata —ciudad circense por historia y vocación—, crecen los enanos. En el Centro de Refugiados, muy cerca de donde hemos celebrado con un párroco cubano a la Virgen del Cobre, aterrizan constantemente, como un goteo, familias con niños que recalan en la playa afortunada del Colegio Santa Cruz; parecen extraterrestres, pues ciertamente vienen de otros planetas.

Y cuando deambulan por las calles de nuestra ciudad observando con ojos curiosos lo que nosotros ya no vemos porque la costumbre ha vuelto invisibles tantas cosas… No hay un remedio fácil. El planeta se agita y vibra nervioso al ritmo de las explosiones del magma solar, que se manifiesta al tiempo que nos confirman que, durante muchos años, vamos a disfrutar de dos satélites.

Dos lunas para enmarcar noches propicias a Sherezade y sus cuentos y leyendas. Para nuestra enfermedad, la vida, no hay una receta universal y siempre válida; el bálsamo de Fierabrás ya no se encuentra en las boticas. Tal vez, solo haya una solución razonable: Ramana, una vez a la semana.

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