Piedras y Palos

Llevamos décadas observando tantos conflictos que nos dejan despreocupados gracias a la sensación de lejanía de la caja de televisión

Hay un dicho anónimo que nos recuerda aquello de que “la guerra no determina quién tiene razón, sino quién queda”. Si hiciéramos una lectura de nuestra actualidad a partir de las piedras y los palos que enmarañan el contexto sociopolítico, casi podríamos afirmar que poco a poco vamos quedando menos.

Hay que reconocer que el corolario diario de aquello que nos ocurre nos deja en una posición extremadamente solitaria de razones y enmiendas. Llevamos ya mucho tiempo en las trincheras del discurso casi belicista de los problemas para, irremediablemente, transitar al caos como solución.

La política internacional, que fue la abanderada de los protocolos de la negociación tras sufrir demasiadas guerras, comienza a derivar, una vez más, en lo peor de la calaña de bloques donde se reparten razones a costa de la humanidad. Como ocurre siempre, los grandes cambios de la historia se filtran en nuestra conciencia desde justificaciones que amañan las verdades para abaratar los hechos y crear los enemigos.

Como es costumbre en nuestra existencia, pasamos del tablero estoico del ajedrez para darle un puntapié y empezar el sinsentido de la pedrada aunque llegue mal dada. Y es ahí donde nos podemos encontrar con los que siempre quedan, ahorradores del debate y de las razones para generar el desprecio innato sobre nosotros mismos.

Volveremos a las líneas rojas que repetidamente se traspasan en nuestra crónica histórica y a los botones rojos que nos venderán entre bombas y estrategias geopolíticas que nunca son explicadas más allá del palo mal dado. Mientras tanto, la gran mayoría de la humanidad seguirá sumando las consecuencias por el desprecio de la vida en todas sus consecuencias, narcotizando la dignidad como base imprescindible de la existencia de cualquiera de nosotros.

Llevamos décadas observando tantos conflictos que nos dejan despreocupados gracias a la sensación de lejanía de la caja de televisión. Llevamos tanto tiempo consintiendo la bajura de la tiranía contemporánea que el desprecio se convierte en la fórmula donde se adiestra el descontento. Y nos quedamos en la retórica del desaire para lanzar el tablero de los derechos y los deberes a los pies de la arbitrariedad.

En el siglo pasado, en la novedosa era nuclear, le preguntaron al padre de la teoría de la relatividad, Albert Einstein, sobre qué armas serían utilizadas en una posible Tercera Guerra Mundial. En su característico estilo mordaz e irónico, su respuesta quedó en una suposición bien interesante: «No sé cómo se combatirá en la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta será con piedras y palos».

Y podríamos añadir que en tal tesitura igual hasta nos sobren para los pocos que puedan sobrevivir, y sin que nada ni nadie nos garantice que los que queden sean los mejores. No hay nada como mirar el presente que tenemos.

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