Definitivamente Mislata no sabe votar. Mislata está llena de buena gente, algo que han
señalado todos los candidatos que se han presentado a las elecciones.
En eso coincido con ellos, y tengo que reconocer gustosamente esa realidad, porque entre otras cosas también soy parte del pelotón, de la “troupe” de Mislata como despectivamente dicen desde algunas poblaciones vecinas envidiosas. Este comportamiento electoral repetitivo, y una fijación extravagante en votar a quien no lo necesita me obligará a invitar a un arroz al horno a
L. Cuesta y T. Cocera.
Ciertamente a la hora de votar los habitantes de Mislata no tenemos remedio. Empiezo por
mi ejemplo personal, la necesaria autocrítica, aposté por Ciudadanos, que desaparece del
mapa político municipal, autonómico y nacional a pesar de tener los mejores candidatos,
gente con experiencia, criterio propio y con la virtud, poco apreciada, y nunca
suficientemente alabada de la moderación.
¿Y qué decir del empeño cansino que se detecta en Mislata de votar por enésima vez a
nuestro perpetuo alcalde ? Nadie se da cuenta que está sobrecualificado para el cargo. Es
como poner de acomodador en el cine a un director consagrado y multipremiado. ¿Qué
sentido tiene? Ninguno creo yo, argumentan mis buenos convecinos que “le hacemos
alcalde para que pueda ser presidente de la Diputación de Valencia.”
Es de vidrio la mujer,
pero no se ha de probar
si se puede o no quebrar,
porque todo podría ser.
Y es más fácil el quebrarse,
y no es cordura ponerse
a peligro de romperse
lo que no puede soldarse.
Y en esta opinión estén
todos, y en razón la fundo:
que si hay Dánaes en el mundo,
hay pluvias de oro también
Don Quijote > Edición. Primera parte > Capítulo XXXIII (3 de 6)
Pero ¿no se dan cuenta que nuestro ínclito alcalde es algo más que un munícipe común?
Somos egoístas en realidad, sin darnos cuenta, retenemos el talento político que tan
necesario es ahora que vivimos una situación crítica a nivel planetario.
Nuestro presidente municipal no deberá conformarse con nada que sea menos que relevar a Ximo Puig en la presidencia de la Comunidad Autónoma. O mejor aún al propio Pedro Sánchez que se ha quemado inevitablemente por la acción de gobierno y suspira por alguien que dentro de su partido sea capaz de aceptar su cruz. Aunque una cosa es la cruz de Sánchez, y otra la
cara y la cruz de Mislata. Ni es lo mismo el pancismo de Sancho, que el sanchismo de Pedro.
Sea la Cruz de Mislata (que no necesita ser salvada) un indicativo claro del camino a seguir
para rescatar el planeta y para salvar España de la deriva radical que amenaza con
enfrentar a los españoles.
Necesitamos políticos que sepan tender puentes, y puedan recibir sin contradicción el apoyo electoral explícito de todo el arco y espectro político. Al comparar los resultados de las elecciones municipales y autonómicas celebradas el mismo día en Mislata se comprueba fácilmente que el presidente de nuestra corporación municipal y su equipo recogen votos de absolutamente todos los caladeros : EUPV, Compromis-Podemos, Ciudadanos, PP y Vox.
Ya lo dijo hace muchos años un viejo líder de Izquierda Unida, con tintes proféticos y
anticipando lo que sin duda acabará por suceder, nuestro alcalde es el líder republicano que
España necesita y ansía, y probablemente acabe convirtiéndose en el primer presidente de
la tercera república española.
Retenerlo en Mislata es un error, ya “ha hecho la mili”, no le obliguemos a reengancharse como cabo furrier, dejemos que surque los cielos con libertad, y cumpla su destino. He dicho.
PD. Y si no les he ablandado el corazón y convencido con mi perorata, pregunten al Chat
GPT: ¿Es posible cumplir un cuarto mandato con mayoría absoluta y no incurrir en las
desviaciones típicas del poder omnímodo: clientelismo, falta de transparencia, detrimento
de la participación ciudadana, y otras taras que son inherentes de forma objetiva a la
naturaleza humana?
¿Acaso ya no es válido el adagio liberal que señalaba que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente? ¿Por qué somos tan imprudentes?
¿Cuándo aprenderemos a votar? Si dividimos a nuestros gobernantes, y les obligamos a
vigilarse unos a otros, nuestra libertad estará garantizada.
Si uno controla la Comunidad Autónoma, mejor que la Diputación la dirijan otros, que se vean obligados a negociar y parlamentar, esa es la esencia de la política.