La Residencia de nunca acabar

Sirvan estas líneas como homenaje a nuestro vecino jericano que devino mislatero

Hace aproximadamente un año escribí un artículo titulado Murallas de Jericá, era por
asociación de ideas con las murallas de Jericó que fueron desbaratadas al toque de
corneta, trompeta o shofar.

Discurría aquel artículo apacible como un rio en sus remansos a propósito de un vecino
octogenario que habiendo nacido en Jericá se había afincado en Mislata. Hace apenas una
semana falleció. Como dicen los africanos cada vez que muere un hombre tan longevo con
él desaparece toda una biblioteca de sabiduría popular, que es la verdadera sabiduría.

Este buen hombre fue capaz de regirse por sí mismo casi hasta el final, solamente en los
últimos meses su deterioro físico obligó a su familia a llevarlo a una residencia, aunque vivía
muy cerca de la que se construye en Mislata no puedo disfrutar de sus servicios y tuvo la
suerte de encontrar una privada muy buena, aunque no barata, alejada del que había sido
su pueblo de adopción.

Eso sigue pasando en Mislata, aunque las mayorías absolutas parecieran indicar otra cosa,
lo cierto es que nuestros mayores siguen a día de hoy sin residencia, eso sí pueden
presumir de Tanatorio, es un triste consuelo. En los próximos cuatro años ¿se terminarán
las obras? ¿quién lo sabe? Lo cierto es que para muchos vecinos con edades muy
avanzadas la terminación del proyecto llegará demasiado tarde.

Sus familias incapaces de atender sus necesidades médicas en el tramo final de sus vidas
sufrirán también con la separación, no es lo mismo tener a los padres o abuelos aquí cerca,
o tener que viajar en coche hasta un lugar más o menos lejano pero que no está al alcance
de la mano. Mucho se ha escrito sobre el trastorno que supone mudar a los ancianos a un
entorno extraño que por serlo les resulta hostil. La tristeza de alejarse de vecinos, familiares
y amigos es grande en un momento en que la referencia espacial puede ser el único faro de
una memoria que se debilita.

Nuestro vecino, nacido en Jérica, ya no está entre nosotros, ahora mismo ha pasado a
mejor vida, ya que los achaques de una vida larga no son pocos, y por fuerza superarlos es
con seguridad la gran ventaja de abandonar este vehículo terrestre que nos sirve para
interactuar en este lugar del espacio tiempo que compartimos.

Ese vehículo muchas veces al final se convierte en una trampa, y casi siempre es una jaula. Finalmente cuando la muerte nos libera podemos elevarnos muy alto, incluso por encima de la torre de Jérica que parece un faro, un puerto seguro, o a lo mejor según cruzamos la carretera entre Teruel y Sagunto se nos antoja un cohete espacial a punto de zarpar hacia otros cielos, otras galaxias, …

¿Quién sabe? Ahora que en el Senado de los Estados Unidos de América del Norte se ha
revelado la existencia de los ovnis, y de los extraterrestres puede que podamos recurrir a
ellos para que … aplicando la inteligencia extraterrena terminen las obras de la Residencia
para Mayores junto al Hospital Militar.

Sirvan estas líneas como homenaje a nuestro vecino jericano que devino mislatero.

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