Bielsa en la Diana

Mislata y el mundo os observan con esperanza, e incredulidad sana

No soy sospechoso de tener demasiada simpatía por nuestro alcalde perpetuo. No es nada personal simplemente que rechazo por principio la idea de que las personas mueran atadas a su función política. La vida es mucho más que la política, afortunadamente.

Sin embargo y por las mismas razones que me he manifestado contrario a que la figura del presidente municipal no se renueve tengo que objetar a la candidatura de Diana Morant. La puñetera manía de perpetuarse en la política tiene todavía un perfil peor y es la acumulación de cargos en una sola persona: ministra, secretaria general, candidata a la Generalitat y no sé cuántas cosas más. Penoso.

Por otro lado, ser la candidata de Pedro Sánchez es la mejor garantía de inoperancia política, porque este hombre convierte en vehículo de su ambición personal cualquier institución y los partidos políticos lo son. El PSOE anulado, y las federaciones autonómicas sin personalidad ni voz propia, eso me parece grave para la democracia.

Al menos hay competencia entre dos candidaturas, y eso significa que todavía, aunque sea por razones non sanctas, se preserva la esencia de la libertad y contrapesos de poderes dentro del sistema político. La antipatía no me ciegue para entender que lo importante es que esos controles del poder no fallen nunca, porque la alternativa sería aciaga.

Normalmente el séquito de los líderes busca prebendas y contraprestaciones, el interés personal es el pegamento que une a muchos, pero eso no nos debe volver completamente cínicos, existe también un interés colectivo, superior y transversal por encima de las siglas políticas que son necesariamente contingentes.

El socialismo valenciano ha dado frutos amargos, pero también ha prestado servicios impagables a la nación española. El otro día en el homenaje a Rafael Altamira, un republicano que acabó sus días en el exilio mexicano, el propio rey Felipe VI manifestó que el homenaje en el Campello (Alicante) al insigne jurista era un “acto de justicia histórica y reparación, de concordia y reconciliación”.

Ahora que por fin los huesos de Rafael Altamira y su esposa reposan en el cementerio de su pueblo natal no sería mucho pedir que las personas que hoy se dedican a la política pusieran en su objetivo cumplir con su función siempre con ese ideal en mente, servir a toda la sociedad, durante un tiempo por fuerza limitado y sin acumular cargos, porque el coleccionista responde según Freud a impulsos atávicos que pudiéramos intentar superar.

Por eso, personalmente mientras Bielsa esté en la Diana le mostraré mi apoyo público, bien entendido que no pierdo la esperanza de que ambos lleguen al convencimiento de que la Vida es mucho más que la política. Entretanto que ambos tengan acierto como sus colegas de la oposición porque nos jugamos mucho todos, y no está el horno para bollos.

Mislata y el mundo os observan con esperanza, e incredulidad sana. Mucha suerte.

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