Las asignaturas pendientes de un verano extremo

Septiembre devuelve la rutina y una nueva agenda política

Calor extremo, incendios, vivienda, turismo, sanidad, migración, desigualdad, violencia machista y desinformación han formado parte de la conversación pública de estos meses. Demasiados temas para llevar a cabo un balance en esta nueva temporada.

Tal vez, deberíamos considerar como asignaturas públicas las que nos lleven a un otoño más constructivo y efectivo ante los problemas colectivos que deberían ser tratados desde la política democrática de propuestas y debate público.

Calor, fuego y adaptación

Las temperaturas extremas han dejado de ser una excepción. El calor afecta especialmente a las personas mayores, a quienes trabajan al aire libre y a quienes viven en viviendas poco preparadas, pero también condiciona cultivos, servicios públicos y actividad económica. El cambio climático ya no es únicamente una cuestión ambiental. Tiene consecuencias sociales y económicas que obligan a revisar cómo protegemos a la población.

Por otra parte, los incendios han vuelto a mostrar otra cara de esa vulnerabilidad. Las imágenes de las llamas ocupan durante unos días informativos y redes sociales, pero después comienza una etapa mucho menos visible. Ya lo hemos vivido otros años, recuperar viviendas y explotaciones, gestionar los montes y reconstruir la actividad de las zonas afectadas. La prevención y la extinción son imprescindibles, pero también lo es planificar qué ocurre cuando termina la emergencia.

Turismo, vivienda y servicios públicos

España continúa recibiendo un volumen muy elevado de turistas y el sector sigue siendo fundamental para la economía. Pero el crecimiento turístico convive con otra preocupación cada vez más presente como es el acceso a la vivienda.

La discusión no debería plantearse como una elección entre turismo y vivienda. El desafío consiste en compatibilizar actividad económica, empleo y capacidad de los territorios para mantener una población estable durante todo el año.

Algo parecido ocurre con los servicios públicos. Sanidad, educación, dependencia o transporte forman parte de las condiciones que permiten desarrollar una vida con cierta seguridad. Las listas de espera, la falta de profesionales o las dificultades para acceder a determinados servicios muestran que la igualdad no depende únicamente de las grandes cifras económicas.

Migración y una batalla por el relato

La crisis migratoria de Ceuta ha añadido este verano una enorme carga política y social al debate nacional. La entrada masiva de personas a finales de julio, cifrada en decenas de miles, desbordó la capacidad de acogida y convirtió la ciudad en el centro de una crisis con implicaciones humanitarias, fronterizas y políticas.

Pero junto a la gestión de la frontera ha aparecido otro problema como es la dificultad para distinguir los hechos de las narrativas construidas alrededor de ellos.

Durante estas semanas han circulado vídeos antiguos, imágenes fuera de contexto y contenidos manipulados relacionados con la inmigración y los acontecimientos de Ceuta. En algunos casos se han utilizado incluso herramientas de inteligencia artificial. El debate sobre migración, seguridad, acogida o integración es legítimo y necesario. Lo que no debería formar parte de ese debate son hechos inventados.

Y aquí aparece una cuestión fundamental para el periodismo. En las manifestaciones celebradas estos últimos días en torno a la crisis de Ceuta, varios periodistas de RTVE y otros medios fueron increpados, amenazados o agredidos mientras cubrían las concentraciones. También se denunciaron empujones, bloqueos y daños en equipos.

La crítica a un medio forma parte de la libertad de expresión. Impedir físicamente que un periodista trabaje es otra cosa. Cuando un reportero no puede preguntar, grabar o transmitir lo que está sucediendo porque se convierte en objetivo de una protesta, el problema deja de afectar únicamente a ese profesional. También afecta al derecho de los ciudadanos a conocer los hechos.

Lo que queda cuando termina el verano

La violencia machista, la precariedad, la vivienda, la presión sobre los servicios públicos o la migración no desaparecen con el cambio de estación. Tampoco lo hacen las consecuencias de los incendios ni los efectos de un clima cada vez más extremo.

El periodismo tendrá que afrontar además una temporada marcada por la velocidad de las redes, la inteligencia artificial y una polarización que dificulta distinguir información, opinión y propaganda. La respuesta no puede ser competir únicamente por llegar antes. También hay que comprobar, contextualizar y rectificar cuando sea necesario.

Y hay una responsabilidad que corresponde al conjunto de la sociedad y es, precisamente, preservar las condiciones para que ese trabajo pueda realizarse.

Septiembre devuelve la rutina y una nueva agenda política. Pero los problemas que deja el verano no caben en el calendario de las vacaciones. Su dimensión seguirá presente durante los próximos meses, y también la necesidad de abordarlos con información contrastada, debate democrático y menos espacio para el miedo convertido en argumento.

No es la primera vez que hago referencia a Hanna Arendt para recordar aquello que escribió sobre que “los hechos dan origen a las opiniones”. En un tiempo en el que las redes pueden convertir una mentira en tendencia antes de que una información contrastada consiga llegar a la misma audiencia, recordar esa idea no es una cuestión académica. Es una necesidad democrática.

Porque podemos discrepar sobre casi todo. Podemos discutir las políticas migratorias, la vivienda, el modelo turístico, la sanidad o la respuesta ante el cambio climático. Pero necesitamos compartir unos hechos mínimos sobre los que construir esas diferencias. Y necesitamos periodistas que puedan buscarlos, comprobarlos y contarlos sin ser agredidos por quienes no están de acuerdo con lo que publican.

Ese quizá sea uno de los asuntos que septiembre nos devuelve con mayor claridad. La democracia necesita ciudadanos que puedan opinar libremente, pero también necesita hechos que puedan ser comprobados y profesionales que puedan contarlos.

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