¿Escuchar Mislata? No, me refiero a buscar sentido. En esta ciudad, comarca, provincia, comunidad autónoma, país, continente y planeta, casi todo parece que carece de sentido.
Y cuando no le encontramos el sentido a la vida, y a sus cosas y casos, no nos queda más remedio que refugiarnos en el sentido…del humor. Perder el sentido del humor es más grave que perder el apetito, quizá por eso el buda sonriente suele aparecer obeso, como queriendo indicar que no ha perdido ni una cosa ni otra.
Ahora que puedo mirar con mayor distancia la diminuta y superpoblada isla de Mislata, un islote que ni siquiera tiene playas, lógicamente tampoco costa, veo con mayor claridad que sus gentes discurren por sus calles sonrientes y meditabundas, porque se aparece en su imaginación retazos de la realidad municipal que les mueven a la risa o al menos a la sonrisa. El sentido del humor es el refugio de la mayoría silenciosa, un recurso que nunca acabará en la oficina de objetos perdidos de nuestro ayuntamiento.
¿Cómo puede un pueblo así secundar a personajes tan poco risibles? Ese es un misterio que descubriremos en la próxima vida, cuando nos concedan tres deseos o respuesta a tres preguntas, y consumiremos una en revelar esta insondable paradoja cuántica.
Teniendo personas inasequibles al desaliento como Recaredo Nadal que semana tras semana plantea brillantemente los errores que creo que todos podemos ver y entender, ¿cómo es posible que la población generalmente los perdone, o les aplique indulto o amnistía sin siquiera pestañear?.
Desde la cordura, dejando a un lado la locura, solamente un depurado y finísimo sentido del humor puede darnos respuesta, si la función pública antaño confiada a los intelectuales, como hubiera querido Weber, solamente en los premios Max deberían tener cabida tantos munícipes de todos los partidos, atrapados en una y otra legislatura como en el día de la marmota.
Ni Fumanchú pudo ser tan cruel en su más refinada tortura, ver cómo se pasa la vida, cómo se evapora la existencia en simulacro administrativo tan hostil debe ser un karma terribilísimo. Ser comentarista de esta realidad alternativa es el segundo escalón en el mismo suplicio de Tántalo.
Así que vamos a tomarlo con humor, no saben lo que hacen porque ni siquiera saben lo que hacen allí, y no pueden apreciar y valorar consejos porque les falta el sentido del humor suficiente para salir corriendo atragantándose de … la risa. ¿El termómetro municipal que sustituye a las encuestas del CIS?, fíjese cómo circulan sus vecinos por la calle, ¿llevan tatuada una sonrisa?.
Pues eso, entretanto aunque el universo colapse, la libertad de opinión y de prensa perezca, el planeta implosione en guerras inauditas, la economía se tambalee sin motivo aparente, ustedes sigan sonriendo como cuando posan para un foto familiar, imposible pasar sin asomar el arco dental a las imágenes asociadas a nuestro recuerdo que en la botella arrojamos al océano del tiempo, y la posteridad de las acciones.
Que nada nos borre el sentido, el sentido del humor, y el apetito. Como dice siempre Fabian Barrio al finalizar sus divertidos entremeses, ¡Viva México…!