La quinta noticia

Así es que comienza a estar demasiado de moda el nombre y apellido de profesionales de la información, demasiadas guerras intempestivas entre colegas y excesivos odios de los adscritos a ciertas banderas.

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Sara Martínez

Umberto Eco explica en su novela Número Cero que “no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia”.

Si hacemos un pequeño desglose de todo lo que nos ofrecen tanto los periódicos como el resto de medios de comunicación, hay que reconocer que todos andan a la zaga de esa quinta noticia que siempre enreda entre la realidad y la opinión.

Nuevamente, la colorimetría ideológica vuela entre las palabras que aglutinan un titular para detonar la indignación, tan de nuestro espíritu patrio, que deja de lado el largo texto que acompaña y que sería imprescindible para entender las pequeñas realidades que nos rodean día a día.

Tanto es así que si otro medio de comunicación dice lo contrario, tampoco gozará con la virtud de la duda, descartando la posibilidad de esquivar aquello que, desgraciadamente, se convierte cada vez con más facilidad en un trampolín para poder ser engañados.

Todo un paradigma para esta profesión que si tiene una razón de ser es precisamente la búsqueda de la veracidad de los hechos para, a continuación, apartarse del foco en el que la sociedad saca las conclusiones metódicas y disciplinares que más le defiendan.

Demasiada reflexión ajena sobre nuestra actualidad y excesivamente huérfanos de datos y hechos para crecer en las habilidades exigibles a cualquier ciudadano que tiene la responsabilidad de saber para elegir.

Nada de los expuesto es nuevo. Si la política es la mal llamada ciencia del engaño, hay que reconocer que el periodismo actual sigue a pies juntillas demasiados intereses obtusos que saben más de marketing que de oficio imprescindible para una sociedad democrática.

Pero en este tiempo que vivimos superconectados, parece que hemos dado un salto cualitativo y peligroso hacia esa obcecación de bandos chirriantes que solo saben decapitar los hechos para divagar entre opiniones interesadas en un acertijo zombi de bulos y desinformaciones. Así es que comienza a estar demasiado de moda el nombre y apellido de profesionales de la información, demasiadas guerras intempestivas entre colegas y excesivos odios de los adscritos a ciertas banderas.

Nada bueno resultará de todo este batiburrillo de egos oportunistas que solamente sirven para dar la razón a Honoré de Balzac cuando calificaba el periodismo como una inmensa catapulta puesta en movimiento por pequeños odios. La ciudadanía tiene derecho a elegir y redactar su propia quinta noticia, su conclusión propia a partir de los hechos deontológicamente expuestos, y hasta tiene derecho a equivocarse en sus conclusiones.

Todos esos tributos sociales comienzan a estar demasiadas veces en las manos de esta profesión que, a pesar de ser una de las más bellas del mundo, se convierte en demasiadas ocasiones en la abominable acompañante de demasiadas propagandas.

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