Si en los museos del mundo occidental retirásemos todas las pinturas y esculturas que representan temas relacionados con la religión, ¿qué quedaría?
Si las nuevas generaciones y las próximas y venideras ignoran la Religión católica y todo lo relacionado con ella, ¿quién podrá entender, por ejemplo, el contenido de la Capilla Sixtina?
La religión es doctrina y vida para el creyente, y también cultura para toda persona civilizada, ya sea creyente, agnóstica o atea. Pretender arrinconar la importancia o la trascendencia de la Religión católica no sólo supone negar una evidencia, sino también caer en un “grave” vacío cultural.
No se obliga a nadie a practicar la doctrina, pero tampoco se puede coartar la libertad de los padres para elegir la formación adecuada (espiritual y educativa) de sus hijos. La misión de los gobiernos es hacer posible el ejercicio de esa libertad, no enredarse en teorías pedagógicas que son muy discutibles y que a mi entender aportan muy poco a la cultura, a la enseñanza y a la auténtica educación.
Este mundo globalista defrauda con sus nuevas modas, con sus perversas imposiciones, unas imposiciones que suelen lavar el cerebro a muchos seres vivientes de este planeta, pero lo que es preocupante es que se juegue con la cultura de siempre, una cultura que no puede traicionar a los clásicos… En fin, ¡de pena!