Ovillos de desmemoria

Será por eso que la verdad siempre transita entre las orillas del camino mientras nosotros seguimos corriendo hacia esos horizontes que nos adornan con acuarelas de incertezas.

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Sara Martínez

Decía Benjamin Disraeli, escritor y político inglés, que «la justicia es la verdad en acción». Y ciertamente, la justicia debería ser siempre nuestra brújula para encontrar los caminos que deriven en oportunidades y certezas sobre esta sociedad tan encabritada, en muchas ocasiones con delirios de iniquidad.

Esta semana hemos conocido cómo también los jueces terminan con condenas de cárcel ante maniobras orquestadas contra otras personas. Un grano más para este tiempo de recolecta de demasiadas ingratitudes contra esta sociedad que merece algo más de lo que nos ofrecen las grandes instituciones y los pilares de esta democracia que tanto aplaudimos y que poco cuidamos.

A pesar de sumar un escándalo más, pocos minutos informativos han sido dedicados a este esperpento judicial que tuvo consecuencias personales y políticas para la afectada con poca probabilidad de reparación. Una verdad en acción que desgraciadamente no tiene efecto retroactivo, pudriendo, desgraciadamente, la justicia en  excesivos fracasos.

Llevamos demasiado tiempo troceando los poderes más genuinos de nuestra constitución, rasgando vestiduras de unos y otros con el único propósito de servir a otros poderes que no tienen nada que ver con nuestros derechos y fundamentos democráticos. Mientras tanto, nos reafirman en este cabreo incesante donde ponemos siempre en negrita la palabra malsonante para deshilar ovillos que no tienen que ver ni con las acciones ni con la gestión pública.

Todo un frangollo para una actualidad que sabe de demasiados olvidos y, en el peor de los casos, de la ocultación de demasiada información expositiva sobre la verdad y la mentira. Un binomio prioritario y esencial en las relaciones sociales que parece disolverse en esta realidad líquida que tanto empieza a caracterizar esta década de la historia.

A pesar de ello, hay que congratularse de que, si no a todos, de cuando en vez sí le llegue a cualquier preboste con ínfulas de impunidad ese su San Martín donde dar cuenta de aquellas acciones cuya eficacia es vital para con los derechos y deberes de toda una sociedad. La historia y la justicia tienen unos tiempos demasiado lentos para darnos soluciones urgentes a problemas diarios.

Será por eso que la verdad siempre transita entre las orillas del camino mientras nosotros seguimos corriendo hacia esos horizontes que nos adornan con acuarelas de incertezas. Así que, como los poetas, igual es el tiempo de mirar el silencio de nuestros pasos para averiguar algunas verdades que siguen floreciendo a nuestros pies.

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