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La mujer de la ventana

  • Published in Sara Martinez

Decía Amos Oz, nuestro Príncipe de Asturias de 2007, que "la solución está en la literatura”.

Fue lo primero que recordé cuando hace unas horas y releyendo posiciones personales de hace un año, me encontré con la triste noticia de su fallecimiento. Nos dejaba uno de los escritores más comprometidos desde el pacifismo no sentimental, y en contra del fanatismo y la agresividad como causa de todas las guerras.

En una de sus últimas entrevistas, el periodista y escritor comentaba que "no es el momento del hombre ashkenazí, viejo y privilegiado. Es el momento de las mujeres y los jóvenes". Y aunque bien decía que no era ningún profeta, en algún momento aparecería alguien que nos dijera lo que sabemos todos que hay que hacer para solucionar tantos conflictos que nos llevan casi siempre a derivas ingratas de tiempos y espacios.

Repasando lo que hace un año esperaba de este viejuno 2018, debo reconocer que, a pesar de todo, en algo hemos cambiado. Como en tantas cosas, el tiempo nos roba de posiciones extremas para acostumbrarnos a conflictos que se hacen casi eternos. Y a pesar de la brutalidad en los datos sobre la violencia de género, parece que zozobramos en la necesidad de soluciones urgentes ante este casi femicidio constante.

Tampoco ha mejorado nuestra disposición ante el desplazamiento incontrolado de seres humanos que, a pesar de todos los que se salvan en pateras, siguen sumando miles de desaparecidos, de los que ya nadie se acuerda ni serán recordados. Ni, desde luego, hemos llegado a los avances necesarios y efectivos sobre nuestros propios conflictos internos; con posiciones tan extremas sobre Cataluña que, al final, hasta se lidian en Andalucía como un problema particular capaz de determinar la composición de su parlamento. Ya decía Amos Oz en 2005, que "imaginarse al otro es un antídoto poderoso contra el fanatismo y el odio". Y reconozcamos que, de alguna manera, nos encontramos entre las dos zarpas más destructoras de nuestra conciencia como ciudadanos de este mundo, ese gen humano que "intenta cambiar a los demás".

Algo nos perdemos con tantos intentos unificadores del pensamiento y estas cruzadas insoportables contra la diversidad. Sin embargo, todos sabemos que las soluciones van a seguir viniendo de la mano de sentimientos tan eternos como la paz, el respeto por el diferente y la solidaridad entre pueblos y clases. Lo demás será, nuevamente, proponer desde el enfrentamiento acaudillado de unos pocos para llevarnos a provocaciones interpersonales al resto. De algo de todo esto se aprovecha tanto nuestra clase política como, en consecuencia, nuestra estirpe periodística.

Todo un circo de dimes y diretes, donde la contradicción supera cualquier expectativa mientras lo importante sigue navegando hacia un infinito incierto. Desde el desembarco de un nuevo presidente en la Moncloa hasta el cambio de ciclo en Andalucía, se nos ha ido mostrando que la democracia sabe de aritmética y que los colores pueden ser trocados de un brochazo. Nuevos tiempos para la representatividad democrática que nos seguirá trayendo el nuevo año, con excesos y acritudes en el lenguaje para aderezar muchos esperpentos.

Frente a tantos discursos de odio que han proliferado en este último año, nuestro ya eterno polemista de la paz nos deja un hermoso legado en formato de libro, "Contra el fanatismo", que con el tiempo le dará la razón en tantos posicionamientos hambrientos de justicia y sobrados de exabruptos de discordia social. Lo malo de las pérdidas es que su vacío siempre nos deja esa sensación de la falta de tiempo para poder contarnos muchas más cosas.

Por ello, esta última reflexión personal he querido acompañarla de Amos Oz, no como homenaje, que para eso tendrá muchos mejores, pero sí como hilo conductor de una nueva forma de visionar este mundo incierto en este año que se nos acaba. Tal vez deberíamos recuperar el humor para diferenciarnos de los fanáticos o de sus ideas fanáticas. Tal vez tengamos que leer más literatura y menos periódicos para entender al resto del mundo. Tal vez lo que hemos perdido en el tiempo deberíamos dejar de buscarlo en nuestro actual espacio.

Como una metáfora escrita se nos quedará la figura de Amos Oz, aunque su "mujer de la ventana" seguirá guiando la necesidad de empatizar con el enemigo porque ambos seguirán necesitando la misma paz. Mientras tanto, unamos las copas para brindar una vez más por el futuro que siempre nos sigue esperando. Shabat Shalom... Paz y salud para todos en este mundo de amor y oscuridad.

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