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Esperando la Navidad

  • Published in Sara Martinez

El que más y el que menos, con más ganas o no, canturreará este tintineo tradicional en este tiempo de Navidad.

A pesar de todo, hemos llegado a esos días que con la edad se llenan de recuerdos y ausencias. Esa amarga magia que intentamos por todos los medios ir dejando a nuestros retoños por aquello de las tradiciones y, qué caray, en un intento de legar algo más allá de lo material, tan centrado en nuestra vida cotidiana.

Este país, siempre tan dado a los bandos, sigue rebrotanto con los debates tan cascabeleros de Papá Noel o Reyes Magos, nacimiento o árbol, turrón blando o duro, pescado o carne... da gusto la variopinta temática de conversaciones que compartimos estos días. Será ese afán que siempre encontramos en la confrontación de argumentos para seguir viviendo el mismo día. Y si nadie lo estropea, nos dejarán por unas jornadas en esa quietud de la actualidad y hasta los medios de comunicación echarán mano de los manidos argumentarios de las cenas navideñas, la nochebuena de quienes trabajan, las navidades en los albergues y la homilía de la misa del gallo.

Eso sí, nos tendrán espectantes con el discurso navideño del Rey y nos acribillarán a detalles rebuscados de frases, afirmaciones, matices vocales, colores del habitáculo o cuántas fotos se encuentran expuestas... En fin, menuda tensión malsana para empezar a cenar. Sabiendo cómo tenemos socialmente a este país, deberíamos cambiar algunas normas institucionales para salvaguardar el protocolo en las reuniones familiares.

La tentación de dedicar un tiempo a la comparativa moral en nuestro comportamiento, se me hace insalvable; de mirar más allá de nuestro alrededor, también. Es esa necesidad humana de ponerse al lado de quienes no lo pueden celebrar, porque no tienen muchos motivos. Y de alguna manera, nuestro tradicional belén cumple todas las alegorías que representan nuestros propios pecados sociales.

María sigue siendo la sustentadora del misterio para un nuevo tiempo. La que origina el núcleo principal de una nueva forma de entender la realidad. José representa a ese desconocido hombre que acompaña y se solidariza con una forma diferente de entender la vida. Y el niño, benditos niños, que siguen siendo esperanza para mejorar nuestras décadas de tiempo.

Poco hemos aprendido de tantas representaciones, siguiendo estereotipos de patriarcados obsoletos y materialidad impuesta. No es de extrañar, cuando somos capaces de olvidarnos de lo que supimos hacer y rehacer en los últimos 70 años. Y como en la encrucijada de caminos, ahí estamos a la espera de direccionar los tiempos, algunos más perdidos que otros. Pero para hacer balance ya tendremos tiempo la semana que viene. Por el momento, como decía Federico García Lorca, "El más terrible de los sentimientos, es el sentimiento de tener la esperanza perdida". Así que busquemos ese hermoso esperar con le certidumbre de acertar. Y qué mejor que con una feliz Navidad. Que así sea.

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