Resulta increíble que en nuestro ordenamiento jurídico no se lleven a cabo métodos para que un criminal ya confeso aporte datos para investigaciones de relevancia en un proceso.
Existe la coacción por parte de los fiscales, también existe la coacción contra el conciudadano que se olvida de abonar algún impuesto, también se puede llevar a prisión a un conductor que supera el límite de velocidad, se puede sancionar a fumadores…
Pero por lo visto, la justicia penal no puede emplear ninguna clase de “coacción” sobre alguien que está siendo juzgado, y no me refiero a utilizar la violencia física, tampoco me refiero a ejercer un trato degradante contra el encausado, es decir, donde quiero llegar es a las técnicas de persuasión, que en su mayoría son de índole psicológica. Lo que está claro y meridiano es que en inmensidad de casos los acusados usan el silencio como medida de persuasión, pero hacia la justicia.
En otras palabras, el presunto culpable o culpable ya del todo, utiliza el “silencio para silenciar” futuros hallazgos para cerrar la investigación, es decir, su silencio es su técnica de persuasión. Es más, se ríe de la justicia.