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Descubren un cojín con bordado renacentista e iconografía de Juan de Juanes en Mislata

Un cojín con la iconografía de la Virgen María de la Asunción que colgaba, desde hace unos años, en uno de los muros de la sacristía de la parroquia de la Mare de Déu dels Àngels, y del cual se desconocía el valor artístico e histórico, se ha catalogado recientemente como un importante bordado de los talleres valencianos de la segunda mitad del siglo XVI.

La pieza descubierta era, originariamente, un cojín que debería de usarse anualmente para reposar la cabeza de la imagen de la Virgen María de Agosto durante los días que se montaba el túmul, con motivo de la festividad que se celebra el 15 de agosto. En Mislata, tradicionalmente, las clavariesas de la Virgen María de Agosto son mujeres casadas; fiesta donde también se ofrendan las albahacas.

El cojín, con forma rectangular, está bordado con hilos policromados de seda e hilos metálicos sobre un tejido de terciopelo carmesí, también de seda. En el centro de la composición, encontramos la Virgen María, sobre la luna en creciente, rodeada de un nimbe o aureola, y con dos ángeles a cada lado que lo acompañan en su elevación. En la parte superior, se representa la Coronación por la Santísima Trinidad. Flanquean la representación, a cada lado, tres símbolos de la Letanía Lauretiana, con sus correspondientes filacteris. A la derecha, y de arriba abajo, la Estrella, el Lirio y el Huerto cerrado. A la izquierda, el Sol (que ha perdido el filacteri), el Pozo de Aguas Vivas y la Ciudad de Dios. El conjunto de la representación está enmarcado por un friso de rodillos, con cuatro querubines, uno a cada lado de la composición.

En las tierras valencianas se conservan otros cuatro cojines muy parecidos, con la misma temática asuncionista y datados en la misma época: la segunda mitad del siglo XVI. En la parroquia de Santa Águeda de Jérica (Alto Palancia), se guardan dos; en la parroquia de la Asunción de Santa María en Llíria, otro y, el último, el cojín de la Basílica de Santa María de Elche, que reconvierte el pie de la cama de la imagen recostada de la Virgen María. La composición de los cojines, del mismo modo que el programa iconográfico, hay que relacionarlos con la obra pictórica de temática mariana de Juan de Juanes. Los diseños de los bordados podrían ser obra de su taller.

Sobre el origen de este importante bordado son muchas las incógnitas que lo rodean. ¿Cómo es posible que haya perdurado una pieza tan significativa sin que nadie se haya dado cuenta de su importancia? Cuando, además, la parroquia de la Mare de Déu dels Àngels, con todos los objetos de culto, fue profanada, saqueada y quemada durante la Guerra Civil. Si el cojín es originario de Mislata, no deja de ser contradictorio que la parroquia de un pueblecito humilde y poco poblado dispusiera de una pieza tan suntuosa. Elche, Jérica y Llíria, comparadas con Mislata, son villas históricamente mucho más importantes.

El estado de conservación del cojín de Mislata, con más de cuatro siglos de historia, es relativamente bueno. Ha perdido un filacteri y todo el sembrado de unas pequeñas aplicaciones, probablemente con pedrería, y algunos otros mínimos desgastes. Las historiadoras y técnicas en restauración de textiles, Mercè Fernández y María José Cordón, han catalogado y estudiado la pieza, y trabajan con un proyecto de intervención para limpiar y consolidar los bordados y realizar una restitución volumétrica.

Sin embargo, nos tendríamos que plantear algunas cuestiones sobre cómo abordar el futuro de la pieza. Puesto que el patrimonio artístico de Mislata es muy insignificante, el cojín asuncionista asume un rol icónico y singular. Tenemos que respetar que el cabezal es un objeto de culto y que forma parte del patrimonio de la parroquia, pero, más allá de su propiedad, es también un patrimonio cultural que nos pertenece. La restauración del cojín tendrá, probablemente, un coste elevado, y las instituciones públicas, pienso, tendrían que colaborar. El cojín de Llíria fue restaurado con la ayuda de la Diputación de Valencia. El Ayuntamiento de Mislata, de acuerdo con la parroquia, tendría que participar del proyecto de restauración.

Y una vez restaurado el cojín, habría que presentarlo al vecindario, con una exposición que recogiera todos sus aspectos técnicos, históricos, religiosos, etc. Para poder valorar nuestro patrimonio hay que darlo a conocer antes, con dignidad y sin sectarismos.

Y, por último, es muy importante, fundamental para conservar a largo plazo el preciado cojín, protegerlo y preservarlo con las condiciones ambientales que piden unos materiales tan vulnerables y sensibles cómo son los tejidos. El cojín no debe de, no puede, estar permanentemente expuesto ya que la luz, por tenue que sea, afecta mucho a la solidez de los colores. Pero tendrían que ser los técnicos en conservación quienes marquen las condiciones. Y es deber de todas y de todos cumplirlas y respetarlas. El cojín asuncionista de Mislata también pertenece a las futuras generaciones, y es nuestra obligación preservarlo y transmitirlo en óptimas condiciones.

En todo caso, como mislateros, felicitémonos por este excelente y magnífico hallazgo.

Josep M. Sabater
Historiador de los tejidos

Modificado por última vez enJueves, 05 Abril 2018 09:39

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