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Sara Martinez

Acechando Cerraduras

Hace tiempo encontré una frase de Marie Curie en la que señalaba que "nunca he creído que por ser mujer deba tener tratos especiales, de creerlo estaría reconociendo que soy inferior a los hombres y yo no soy inferior a ninguno de ellos".

Para su momento y lugar, suponen palabras incómodas para la primera mujer que recibió un premio Nobel gracias a la negativa de su marido a aceptarlo si no era compartido con su compañera de investigaciones. Pequeñas guerras sociales que supusieron breves pasos hacia una visión igualitaria de ambos sexos que conforman nuestra sociedad. En este siglo XXI que nos ilustra a cada uno de nosotros con la inmediatez informativa, el acceso a la educación, la libertad de expresión y el reconocimiento de los derechos universales de todos, chirría esta sombra constante en la interpelación a los derechos de la mujer.

Se hacen públicos comentarios misóginos en cualquier espacio televisivo, o se incluyen leyendas enfermizas para descalificar a mujeres en la crítica a su labor política. La expresión de todo esto ya la llevamos sufriendo en las redes sociales que verifican el grado de intolerancia sexista hacia el comportamiento de aquellas que llevan lo femenino en sus genes. El acoso lingüístico hacia la mujer siempre tiene la misma dirección. Y nadie pone límites a este fracaso de convivencia que, finalmente, siempre tiene sus consecuencias. Como mucho, sirve de chiste melodramático, una mueca de los partícipes de unos argumentos que quedan en el espacio público y siempre recoge algún descerebrado.

Nunca se pide perdón por azuzar el fuego de los estereotipos contra la mujer. Pequeñas regañinas, en el mejor de los casos, para seguir en la próxima exposición pública los mismos arquetipos intelectuales. Al mismo tiempo, nos sorprenden los datos sobre los jóvenes en los que se detectan comportamientos tan preocupantes como justificar el control a su pareja o comprender, en algunos aspectos, que se puedan enmarañar en una relación situaciones de acoso o violencia.

En estos tiempos en los que tanto nos preocupamos de posibles adoctrinamientos en la escuela, de la manipulación mediática en el periodismo o la falta de independencia de la justicia, sería interesante echarle un ojo al tratamiento que damos entre todos a los derechos fundamentales que deberían regir nuestras relaciones entre hombres y mujeres. Tenemos ya demasiadas muertes en nuestras espaldas como para seguir escuchando los mismos argumentos que acechan a la igualdad entre nosotros mismos. Justificamos desde el chiste miles de comentarios que nada tienen que ver con la reflexión, pero, en cambio, ridiculizan las ideas a partir de la sexualización del contrincante y siempre desde el mismo lado.

Seguimos quedando en los límites de las formas y continuamos auspiciando tolerancia hacia la degradación por el hecho de ser mujer; por tanto, proseguimos en el mismo punto de partida. Y seguiremos etiquetando esta situación con bandos de adeptos, más o menos feministas, que ya nos inventaremos nuevas palabrejas para cuestionarlo todo. La sufragista estadounidense Elisabeth C. Stanton decía que " la prolongada esclavitud de las mujeres es la página más negra de la historia de la humanidad". A pesar de expresiones tan contundentes como esta de hace más de siglo y medio, nos ha quedado un camino demasiado recortado donde insistimos en la visibilización de los rasgos externos más complacientes, encadenando los viejos comportamientos a nuestro día a día. Posiblemente hemos aprendido a quitar cerraduras a nuestra mente, pero continuamos esperando que se abra la puerta.

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Negocios y Verdades

Decía Ryszard Kapuściński, periodista y premio Príncipe de Asturias 2003, que "si entre las muchas verdades, eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad y tú en un fanático".

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Esta España eterna

Es hermoso ser de este país, de esta España eterna en la historia y siempre impredecible en su tiempo.

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Pongamos que hablamos de "BOTS"

En esta manía que tiene uno de bucear en la red de redes mediática, me encuentro con una frase del exvicepresidente de EEUU, Al Gore, en la que señala que "internet no es una plataforma para la difusión de la verdad, sino una plataforma para buscar la verdad y la creación y distribución descentralizadas de ideas... En otras palabras, es una plataforma para la razón".

Esta abreviada reflexión me recuerda todas las últimas informaciones sobre el nuevo mensaje conspiranoico de las injerencias rusas en el problema catalán. Debo reconocer que, a simple vista, me pareció altamente divertido; mucho más cuando tuvimos la oportunidad de escuchar la bromita "made in" Rusia sufrida por nuestra ministra de defensa, en la que gozábamos ya de un aliado ilustre como el ejército letón. Más allá de la distensión que provoca el tan necesario humor en nuestras vidas, me invade una preocupación a día de hoy.

Tanto es así que han regresado a las páginas de nuestras grandes cabeceras los titulares de las "más que seguras" injerencias del Kremlin en este mal llamado problema catalán; de tal manera que nuestra ministra ha propuesto crear un grupo de trabajo parlamentario para detectar las llamadas fake news, elevándolas a la categoría de nuevo peligro para las democracias. Debo reconocer que consiguió una nueva sonrisa por mi parte.

Parece que el círculo virtuoso que generan y han generado siempre los grupos de poder debe encontrarse en peligro. Ellos han sido insistentemente los que han mediado en la asignación de lo prioritario en nuestra escaleta informativa, pero, evidentemente, con las redes sociales el efecto ya no es tan efectivo. Llegar a acusar a otro país de injerencias mediáticas para justificar errores políticos o fracasos electorales es, tal vez, la mejor conspiración hacia la sociedad.

La falta de crédito en los medios de comunicación tradicionales han empujado al uso de internet para verificar ciertas situaciones y, en otras, para buscar una alternativa a la verdad en diferido que nos cuentan. Reconozcamos, igualmente, que la realidad de internet rebrota con miles de mentiras diarias, pero si nos basamos en otras tantas que han protagonizado nuestros medios de comunicación, deja en entredicho la crítica.

Reconociendo el problema como tal, me llama la atención que en lugar de promover grupos políticos para desenmascarar las noticias falsas, no se promueva la formación en redes de los ciudadanos consumidores. Parece que el control viene de nuevo a las manos de los de siempre. Y no nos engañemos, la teoría de la conspiración ya la hemos conocido en este país. Desgraciadamente, informaciones intoxicadas, desde la autoría del atentado del 11M hasta los hackers rusos proseparatistas, han supuesto la reconstrucción de realidades virtuales basadas en ninguna prueba, pero aseguradas desde el miedo en sus consecuencias.

Mal vendemos nuestra democracia con insinuaciones no demostrables, y poco enseñamos cuando los bots o softpapers están entre nosotros tan introducidos que cualquier partido político, unos más y otros menos, utiliza esta nueva técnica de divulgación masiva para luego servir de argumentario en cualquier tertulia televisiva. Es difícil entender que, sorpresivamente, toda esta vorágine venga del lado derecho del mapa, cuando precisamente al otro lado del Atlántico se encuentran las empresas más importante del sector, siendo el verdadero imperio de la red. Ninguno de nosotros escapa de su uso diario desde su particular potencia digital.

Con todo esto, debo reconocer que mi preocupación va en aumento. Las soluciones a las mentiras y manipulaciones en la red parece que, una vez más, estarán sustentadas en la imposición de nuevos filtros al libre uso por parte de los ciudadanos. Últimamente todas las propuestas para defendernos pasan por recortar alguna libertad cotidiana. Tal vez sea el momento de darle responsabilidad a cada uno de nuestros actos. Que también está en nuestras manos la conservación de esa frágil libertad de expresión y el derecho a la información veraz. Dice Paulo Coelho "podemos tener todos los medios de comunicación del mundo, pero nada, absolutamente nada, sustituye la mirada del ser humano". Posiblemente, nos faltan muchas miradas.

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La manada entre la niebla

Durante esta semana hemos celebrado, a pesar de la invisibilidad de los medios, el día mundial de la filosofía. Una pena que no nos sirviera para darle una oportunidad al pensamiento y su estructura.

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