Log in

Carta a un alienígena

  • Published in Sara Martinez

Se le atribuye falsamente a Sigmund Freud la célebre frase de que “La más clara prueba de que existe vida inteligente en otros planetas, es que aún no han venido a visitarnos".

Y a pesar de ello, muy tentadora para clarificar esta situación de sesudo psicoanálisis como alegoría al actual desparrame de intencionalidades de parte bien, azuzado con el envalentomiento de la palabrería, donde los espectadores que somos la ciudadanía nos quedamos, en la mayoría de los casos, con los ojitos bien abiertos ante tanto chirrido en los oídos.

El que más y el que menos ha tenido que deambular en esta vida con la enfermedad de los nuestros o con la economía familiar atada en la alpargata; y mientras tanto, que te inunden la información diaria con los farolillos de algunos, hay que reconocer que empieza a hacerse una bola demasiado espesa para tragar tanta irresponsabilidad. Y es que no se trata de hacernos monocolores ni limitarnos al monotema diario. No sé en qué momento algún adoctrinador bien pagado les pasó a algunos la chuleta de cómo crear el absurdo para erosionar al gobierno de turno.

No sé si verdaderamente alguien se cree que los políticos nos quieren muertos y enterrados, que disfrutan con la gestión nefasta o que todos ellos llevan un dictador en la mochila para que a la primera de cambio hagan saltar las columnas democráticas del más pintado. Pero en tiempos de crisis, y ésta desde luego no es pequeña, los malos perdedores siempre atizan desde el mismo argumentario.

La sociedad cambia y evoluciona, pero, finalmente, los sabelotodo siguen utilizando ese pseudoanálisis de la ciudadanía para infundir aires de revolución invertida. Posiblemente de ahí tantos últimos avisos de unos y conminaciones de otros. Todo un desfile de troyanos en las redes sociales para justificar el estado anímico de los hombres y mujeres de este país. Mientras unos gobernantes piden responsabilidad a la sociedad en general, otros discuten entre togas la desobediencia de normas ante la mirada atónita de países vecinos. Mientras tenemos caducados los ribetes de nuestra representación judicial, aguantamos que otros órganos supranacionales estiren de las orejas a esta banda de trileros en lo que se ha convertido el parlamentarismo español. Y no todos tienen la misma responsabilidad, pero ciertamente, ya saben aquello de que “entre todos la mataron... ”.

Con este escenario, y a pesar de la función constitucional de los medios de comunicación, recibimos diariamente una secuencia de palabras huecas entre numerología inquietante y señalamientos absurdos, aderenzándolo siempre con unas buenas paparruchadas que se hacen virales en el mundo virtual, que no real. Tanta viralidad, al final, acabará con este país hecho un basilisco dejando la voz y el mando de la calle en manos de los más furibundos, mientras la gran mayoría seguirá deseando que los alienígenas nos secuestren buenamente y nos lleven pronto.

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y su experiencia al usarlo. Las cookies usadas para la operación esencial de este sitio ya han sido establecidas. To find out more about the cookies we use and how to delete them, see our privacy policy.

  I accept cookies from this site.
EU Cookie Directive Module Information