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El anecdotario del extremismo

  • Published in Sara Martinez

Rememorando alguna que otra charla sobre el tiempo, la historia y sus contadores, recuerdo una frase en el aire en la que se decía que “victimizarse permanentemente puede convertirse en una eficaz herramienta para manipular a los demás”.

Y si somos capaces de leer unas cuantas portadas, aguantar con profesionalidad de espectador varios informativos y concluir nuestra labor observadora con varias tertulias diarias, estoy convencida que absolutamente todos seríamos capaces de evidenciar ese apero comunicativo en los mensajes incendiarios que un día sí y otro también nos tenemos que desayunar cada uno de nosotros. Especialmente porque al final el argumentario de posiciones siempre disecciona la realidad desde el anecdotario de turno frente a la visión sesuda de la historia que, desgraciadamente, necesita de futuros para que pueda ser contada. Hay que reconocer que sin el buen anecdotario la historieta en presente rumiaría entre los rincones de las tertulias de bar, que es de donde nunca deberían haber salido.

Lo que ya no tengo tan claro es cuándo bajamos el escalón de la seriedad en el buen trabajo recopilatorio del periodismo para resumir estrategias comunicativas con cierto olor encarroñado de subjetividad. Bien lo decía nuestra cervantina María Zambrano, “todo extremismo destruye lo que afirma”. Y de extremidad dialéctica estamos saturados de campeones. Nos encontramos en una inmensa maraña para saber lo que está mal, pero sin promover otras opciones ante la necesidad de acciones que acierten. Ya lo he dicho más de una vez. En ello se nos va la vida y nunca los tiempos nos lo pusieron tan fácil para saber que es así de vital. Mientras sigue creciendo el impacto de contagios, comienzan las retahílas acusativas entre esas banderías que cada día retuercen nuestro propio presente cotidiano gracias a las anécdotas que amplifican los aliados medios de comunicación, siempre tan amigos. Todo un ejercicio de envoltorio para olvidar que seguimos en una crisis sanitaria, sumando enfermos y muertos.

En lugar de crear seguridad en las acciones, enroscamos idearios de parte para arañar partidarios con un fin meramente antitético, dejando abierta la puerta a la desobediencia consentida de la ciudadanía. Llevamos años envolviéndonos en banderas para ocultar que seguimos en paños menores en respeto constitucional a la diversidad, a la tolerancia, a la justicia, a la ideología.... En definitiva, a la libertad personal y colectiva que debería conciliar el discurso para el bien común.

Hace más de un año que sigo estupefacta ante la carcoma que está horadando nuestro sistema de convivencia más ordinario. En aquellas, y recordando a Nietzsche cuando decía que "un político divide a la humanidad en dos clases, los instrumentos y los enemigos", reflexionaba desde la necesidad de cambiar nuestros acertijos de futuro con la responsabilidad en la mano y el respeto en el alma. A día de hoy ya podemos decir que nuestra vida, y hasta nuestra muerte, siguen siendo carnaza de los instrumentos de siempre para continuar el señalamiento de enemigos eternos. La historia se la contarán a los que vienen por detrás, pero nosotros nos quedaremos con la triste anécdota del palito de la piruleta.

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