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Los que no abandonan los remos

  • Published in Sara Martinez

Despedimos julio con más tribulaciones de las esperadas, aunque no por ello menos probables.

Desde la ya vulnerable crisis sanitaria que nos acecha desde cualquier esquina, hasta la ya declarada, oficialmente, nueva recesión económica, que una vez más asoma su cabeza con la amenaza de intentar quedarse una buena temporada.

Con estos remos nos va a tocar iniciar una nueva travesía, sin tener muy claras las cartas de navegación como para saber acertar tanto el rumbo como el desafiante destino. Casi asumiendo el universo de Benedetti, podríamos reafirmar esa frase legendaria en pared revolucionaria y pensar que “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, nos cambiaron todas las preguntas”.

Casi que llevamos más de la mitad de este imprevisible año simplificando y devaluando las respuestas ante una nueva realidad compleja y arrolladora, con todas las variables desparramadas por el suelo de eso que llaman prosperidad. Sin embargo, podría ser la oportunidad de aprender de todo lo que parecía sabido, a partir de otros desastres pasados, y responder a un nuevo cuestionario de decisiones sobre este insufrible futuro inmediato que tanto nos asusta, el único que lleva de la mano a este presente que respiramos cada mañana. No servirá de mucho abandonar los remos en medio de la travesía y seguir en la canoa.

Tampoco será de mucha utilidad el enroque partitocrático de la política patria en esta insufrible suerte de campaña electoral sempiterna. A pesar de todo lo que podamos opinar, las recetas seguirán siendo las dos opciones de siempre. O juntos o sálvese quien pueda. Mientras perdemos el tiempo deshojando las ciento y una historias de nuestra pétrea parafernalia política, la sociedad, en su conjunto, deambula a su suerte a la espera de buenas decisiones.

Mientras intentamos acceder a respuestas vitales, quienes nos representan rebajan sus esfuerzos entre descuidos fotográficos y exigencias territoriales con portazo incluido. Mientras las economías europeas de referencia hablan de gasto público, en esta patria nuestra se deslizan en desacuerdos grandilocuentes para disimular las evidentes diferencias ideológicas. Este país ya lleva demasiado tiempo en modo recortado, primero recortado a hachazos europeos subvencionados y después recortado a hachazos más domésticos y castizos de esos servicios públicos esenciales de todos y para todos. Dónde quedaron las tan cacareadas reformas necesarias para sustituir tanto recorte por una economía productora y por una inversión suficiente en lo público.

Inoperancia endémica que se traduce, en la actualidad, en todo un movimiento que circunscribe su discurso en la defensa de una patria de mapamundi, pero que sigue con sus problemas de siempre a pesar de esta universal pandemia que parece aglutinar todas las preocupaciones internas y externas. Y el acompañamiento periodístico, en fin, en su línea habitual, recibiendo, encajando y dando a diestra y siniestra para seguir la capea desde posiciones totalmente antagónicas. Quizá no lo estemos haciendo tan mal mientras se sigan dando estocadas certeras en el punto neurálgico e imprescindible de este oficio que solo tiene razón de ser en su credibilidad.

Al final dependeremos de los que seguimos remando, en los días con sus noches. Aquellos que retorcemos las jornadas para saber de oportunidades, aunque sea con la esperanza de que algo no salga mal. Tal vez sea el tiempo de acompañar los acordes con la guitarra inmortal de Jimi Hendrix y canturrear aquello de que “cuando el poder del amor sobrepase el amor al poder, el mundo conocerá la paz”. Es cuestión de aprender nuevas respuestas.

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