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La patria en un nudo

  • Published in Sara Martinez

Apuntaba Aristóteles, en sus quehaceres reflexivos, que "No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho".

Algo de ello nos está faltando en esta cotidiana actualidad cuando envolvemos los intereses universales en papel de celofán de colorines al gusto del consumidor. Gracias a esa práctica hemos acostumbrado a nuestro par de orejas a cualquier relatillo de crítica para considerarnos especialmente juiciosos con los que gobiernan o con quienes tienen la obligación de velar por el control de éstos.

Mientras tanto, nosotros, ese ejército de plumillas y micrófonos, zarandeamos la actualidad dando paso a voces de toda índole, como buen manual de esa equidistancia entre partes para demostrar la imparcialidad de lo que somos. Todo parece estar en sintonía con las excepciones grotescas que se producen en cualquier situación de la vida. Pero si miramos el férreo nudo en el que hemos comprometido nuestro presente, podríamos evidenciar algunos gruesos errores de forma que, al final, se han convertido en una mortaja de falta de conocimiento rompedora de las ramas de la comunicación democrática y la ética política.

A pesar de iniciar, relativamente, un tiempo de equilibrio y sin urnas por delante, desconocemos datos y decisiones sobre qué están haciendo y, especialmente, cómo. Por contra, sabemos hasta de qué viste una ministra y si algún que otro funcionario de un ministerio posee una sicav familiar. Y por supuesto, igual que sabemos del ya conocido pactómetro, ahora hacemos directos con el aplausómetro de turno para marcarnos una mañana de lo más entretenida. Y vuelve el argumentario judicial, por aquello tan español de ver quién lo denuncia mejor, pero, en cambio, ignoramos el trabajo que se desempeña en nuestras cámaras de representación y cómo van los macro juicios de esta perniciosa era de saqueo que tan estoicamente hemos aguantado en este país.

Como novedad, conocemos de esa parte de la ciudadanía, esa etiquetada España vaciada, pero dejándonos el hilván en dos declaraciones quirúrgicamente expuestas, para hablar más de ellas que de las sangrantes reivindicaciones de las que llevan ya años escupiendo sin que nada se haya hecho. Una problemática que se multiplica con otros países europeos y que debería ser motivo de nuevas normativas que refuercen algo tan vital como la productividad del campo. A pesar de todo, seguimos dependiendo de la virtud de comer.

Así las cosas, entre rodar y mirar, se nos queda una semana hambrienta de saber y rolliza de comentarios que enfrentan pero no acuerdan. Deberíamos saber que la estrategia de ese encaramiento diario deja vacía la administración de la cosa de todos. Ya lo decía el filósofo y poeta Rabindranath Tagore: “la patria no es la tierra, los hombres que la tierra nutre son la patria”, aunque el nudo incierto de nuestro presente nos deje cegados de sabiduría. Pero mi gremio sabe de éso también. Otros, como Arnaud Claverier, ya nos dijeron aquello de que “el patriotismo no debe ser un instinto que odia, sino una virtud que prefiere”. Y en esas preferencias parece que todavía estamos obcecados. Como resultado, seguimos haciendo más fuerte un nudo que sigue ahogando el conocimiento y la verdad.

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