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Festina Lente

  • Published in Sara Martinez

Y como quien no quiere la cosa, este país consiguió superar una investidura y dedicarse en tiempo y forma a eso tan importante que es lo público, lo de todos.

La gobernabilidad será otra cosa, reforzada o no diariamente y con mejores o peores consecuencias. Lo interesante de esta decimocuarta legislatura democrática, que se inicia un poco fangosa en formas, es su novedoso fondo. Todos hemos sido informados de esta primera iniciativa para tener un gobierno de coalición. Pero deberíamos ser un poco menos absolutistas y reconocer que esta fórmula ya ha sido utilizada en este largo periodo constitucional por ayuntamientos y comunidades autónomas. Será porque todo lo que no se hace en la capital de este Reino parece que no influye en la historia colectiva de este país.

De poco servirá para una parte de los supuestos perdedores solicitar respeto a las decisiones de aquellos elegidos y mandados por una parte del electorado. Como bien se ha descrito a sí mismo un portavoz de la derecha extrema de este país al afirmar que aunque no conoce a los propuestos ministros, seguro que serán muy malos. Fin de la cita. Algo deberemos de empezar a aprender sobre esto de la gobernabilidad para entender qué sistema nos dirige y qué debemos esperar de él. Lidiamos demasiadas veces con la engañosa imagen presidencialista de la gestión, cuando en realidad lo que hacemos es elegir candidaturas cerradas que representan proyectos e ideas políticas para poner en marcha. Posiblemente sea esa una de las causas por las que o nos ponemos a repetir elecciones como partidas de parchís o exigimos que se lleguen a acuerdos que conformen la tabla para una buena partida de ajedrez. Y parece que el tablero ya está dispuesto y preparado para la colocación de las figuras que iniciarán un interesante lance con el que volver a escribir parte de nuestra historia.

No deberíamos agitar excesivas mendacidades para estos inicios temporales que parecen colocarnos en cualquier habitáculo del chascarrillo fácil o la murmuración más subjetiva. Decía el filósofo griego Epicteto que “la verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad”. Y complicidades ya hay muchas. Los bandos y banderas rechinan por las esquinas para justificar en muchas ocasiones la falta de propuestas ante los problemas, no solamente nacionales, y que van a acechar este 2020, tan fácil de escribir pero no sé hasta qué punto fácil de vivir.

Mientras tanto, los temas ya imprescindibles de nuestra agenda siguen estrechando los acontecimientos que nos deberían dar motivos para reflexionar sobre lo que nos pudiera venir encima. Los posicionamientos norteamericanos sobre Oriente seguirán estresando a la pacificación de la zona, siempre bajo la sempiterna tensión comercial y económica con China y el mundo adelante.

Nos dejarán en medio, y hasta nos podrán llevar a padecer nuevas ruinas financieras que, como todas, nos las comeremos los de siempre. O veremos como queda el posicionamiento contradictorio entre la Eurocámara y la Comisión Europea. Seguro que nos dejarán inmensidad de rescoldos para seguir acompañando el café mientras seguimos levantando este país. Una vez más necesitaremos de esa “festina lente” que tanto le gustaba al emperador Julio César. Ese  apresurarse despacio para esta nueva andadura, que necesita de muchos pasos con demasiadas zancadillas de las que nadie debería alegrarse. Pero eso será otro enigma que nos tocará evaluar, y si pudiera ser, sin demasiada complicidad.

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