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Instrumentos para el enemigo

  • Published in Sara Martinez

Octubre trae esas cosas que huelen a un otoño que cada vez se parece menos a lo que estudiamos en los libros de texto de aquella vieja gloria de asignaturas como ciencias naturales.

Demasiados calores puntuales o cambios excesivos de los atuendos para construir los espacios diarios. Tampoco vamos a quejarnos de todo, y menos de prolongaciones veraniegas o de cierto desaire con las chaquetas. Será porque al igual que una sociedad es representada por quienes la dirigen, la naturaleza profesará la representación de lo que hacemos en ella. Colegiremos por ello que este marrón glasé que nos trae el otoño siempre sabe a sentimientos contradictorios entre banderas y desfiles varios para ir finalizando este año que apresura su marcha sin darnos mucha cuenta. Cualquiera advierte tanta temporalidad, entre tanto titular y excesivo palabrerío, en una nueva precampaña que pone a los pies de los caballos a nuestra responsabilidad conciudadana.

Cierto es que este año podremos recordarlo como aquel en el que, para unos, se pudo reordenar un sentimiento justo con la historia, aunque para otros haya supuesto la excusa perfecta para sacar del armario el festín argumentario de tiempos que supieron a falta de libertades y desigualdades socioeconómicas que todavía escuecen en muchas conciencias.

Todo ello queda, como siempre, aderezado por las lecturas tímidas de titulares confabuladores y la limitada relectura de una historia que nuevamente fracasa entre nuestras manos para olvidarla desde los intereses meramente partitocráticos. A nuestro país le gustan los anacronismos, el dejar las cosas como están y al mismo tiempo sacar pecho palomo en festejos tan patriótica e imperialmente hispanos, aunque sigamos mirando de reojo receloso al panchito de turno que se sienta a nuestro lado en el trolebús de nuestros días.

Mientras tanto, y a pesar de lo que se nos viene encima, los partidos políticos, a diestra y siniestra, empiezan su particular cuenta atrás para contarnos sus cosas, esas que, si leyéramos más allá de los encabezamientos, nos harían pedir una tutoría urgente en el diván de la meditación para encontrar algún tipo de razonamiento coherente.

Gracias a tanto espíritu de bandera al viento, dirigentes como Trump, tan cercano al liberalismo económico moderno, pero, paradójicamente, tan lejano a la vez de la globalización que tanto preconizaba ese mismo liberalismo, nos rejonea con unos aranceles proteccionistas que llegan en el momento menos oportuno para nuestra maltrecha estructura comercial.

Sin embargo, los gurús de este modelo económico en nuestra querida patria, como buenos vasallos, nada dicen de ello. Todo lo reducen a una patada “globalizada” a los chinos, pero, cosas veredes, en el culo de los europeos. Por su parte, ese otro modelo socialdemócrata que infla sueños de igualdad, pasa de puntillas ante demandas tan importantes como la regulación de los alquileres, abrazando la necesaria prudencia de no ser demasiado intervencionistas con los de siempre. En fin, nos lo ponen difícil para tener algo de esperanza en la resolución de esta y otras situaciones delante de unas urnas.

Llegaremos a un nuevo mes donde algunos podrán llevar sus flores algo más ubicados, y el resto seguiremos haciéndolo bajo la costumbre familiar. Es probable que el influyente Nietzsche tuviera ya una visión muy futurista cuando dijo que "Un político divide a la humanidad en dos clases, los instrumentos y los enemigos". A lo mejor deberíamos empezar a rebuscar las virtudes y defectos de estos bandos para saber si la solución está en volver a confluir en el cauce tranquilo de la sociedad mayoritaria, que unida sabe de sus problemas y exige soluciones para todos. Los bandos seguirán siendo de otros y nunca fueron la mayoría que nos pertenece.

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