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Lágrimas nocturnas

  • Published in Sara Martinez

Estamos casi llegando a la mitad de este mes, aquel sextillis romano que nos trae las cosechas y, como dice el refrán, comenzamos a notar el frío en el rostro.

Bien es cierto que con los cambios climáticos que llevamos poco nos ayuda este refranero, que al final pierde su direccionalidad temporal quedando en el anecdotário de aquel pasado que tanto desdice.

Lo importante es que el que más y el que menos puede contar con ese exiguo tiempo para la tertulia familiar, el vermut entre amigos y hasta la posibilidad de compartir alguna que otra noche multiestrellada. Es nuestra cita anual para contemplar parte de lo que fuimos y esos buenos propósitos para lo que nos queda de año. Mientras tanto, nuestro país repone fuerzas para cuando llegue septiembre, que promete movimientos mucho más terrenales que no nos dejarán seguir mirando el cielo, dejando atrás las lágrimas de San Lorenzo o la lluvia amorosa de Perseo.

Seguimos arrastrando los problemas de hace tan solo un par de semanas pero diseminada su intensidad con las escolásticas crónicas veraniegas de famoseos varios, escalando posiciones en la redes sociales mientras contamos los pequeños bucles de agua que rompen en la playa. Hay que reconocer que es tranquilizador evadirse, aún por un corto periodo de tiempo, de tantas tensiones mediáticas y políticas, aunque en ellas, lo aceptemos o no, se nos van muchas de nuestras necesidades. No quiero volver a repensar los problemas de algún que otro político con sus titulaciones, porque demasiado esfuerzo ya hacen muchos para justificar tanto improperio intelectual. Demasiado bajo está quedando nuestra ética como sociedad para seguir aguantando tanta deshonra pública. Ya decía Voltaire aquello de que "una justicia llevada demasiado lejos puede transformarse en injusticia".

Y, sinceramente, creo que vamos por ese camino, que cada día se muestra más arrogante hacia nosotros mismos, olvidando que las leyes no son el resultado de lo que somos, sino de una norma temporal que nos ayude en nuestras relaciones. Hace tiempo que se nos olvidó nuestro arraigo decente y justo para jugar a discernir si los preceptos jurídicos pueden pensar por nosotros. Y con ese gran error seguiremos culpando a esa justicia absolutista de todos nuestros males presentes y futuros.

Decía Kurt Huber en alguno de los manifiestos contra la política del Tercer Reich, que "hay un punto en el que la justicia se convierte en inmoral y poco ética. Este punto se alcanza cuando se convierte en una capa de cobardía que no se atreve a ponerse de pie contra violaciones flagrantes de la justicia".

Ya sabemos aquello de no perderle la espalda a nuestra propia historia para, por lo menos, no repetir los mismos errores. Y cierto es que el tiempo se nos pasa de puntillas, y no aprovechamos para mejorar nuestra convivencia.

Y una vez más se nos hará difícil si no somos capaces de distinguir lo que nos ponga de acuerdo en aquello que no debemos consentir como sociedad.

Somos muy dados a golpes de efecto, a tirar la piedra del tú más y, nuevamente, empequeñecer nuestro saber hacia donde vamos. Y ya saben aquello que nos dejó Platón, "la libertad consiste en ser dueños de nuestra propia vida". Y la vida se escribe en los caminos aunque no sepamos cual será el final. Mientras tanto, nos quedarán las estrellas de una nueva cosecha.

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