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El gato y la Luna

  • Published in Sara Martinez

Superada la luna de sangre, podemos decir que cumplimos una vez más con todo tipo de fábulas sobre este existir que siempre aprieta más de lo debido.

Somos fáciles de convencer para interpelar cualquier propuesta que nos ayude a digerir esta existencia tan enredada de tiempos y, con ellos, de desesperanzas. En definitiva, esta luna roja deberíamos tornarla en algo positivo que aunque apocalíptico,nos de una fórmula para acercarnos a ese nuevo día de la liberación.

Y no me digan que no sería hermoso saber que tenemos cercano una flamante existencia. Nuestros poderes más representativos ya han ajado demasiadas veces ese sentimiento cuando nos quieren convencer que con ellos y solo con ellos, llegará el momento culminante de nuestra esperanza en un mundo nuevo. Como el gato nocturno en el tejado, nos señalan con el dedo a ese resplandor de plata que tanto luce en el firmamento.

Durante estos últimos días mi retina ha rebosado de imágenes con demasiada violencia y pobreza de soluciones. Me responderá mi pisar tranquilo cotidiano para tener que encontrarme con el drama de tantas personas asaltando vallas y huir de una vida absurda de espera ante cualquier nueva luna, sea del color que sea, para no morir en el intento, porque lo que dejan atrás, huele a la misma miseria que les vaticinan. Nuestro hermoso mundo occidental tampoco se aleja de tanta violencia para reivindicar lo que ellos creen que les pertenece. Después del añito que lleva nuestra querida ciudad Condal les llegó el turno a los taxistas avisando que esto del libre mercado debe estar regularizado. Sin entrar en demasiados detalles, deberíamos pensar en la contradicción que supone lo libre con el control. Cosas de las nuevas macroeconomías liberales.

Así que con estas entidades nuestras se nos pasó el eclipse lunar y con la madrugada nos devolvieron a nuestra habitual y brillante vieja luna con la que dormimos todas las noches. Recuerda nuestro Séneca en su ensayo De la brevedad de la vida que "no es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho". Y en ello parece que estamos todos los días. Mucho correr para nunca alcanzar lo que interesa. Algo deberíamos aprender cada amanecer para descalzar corazas a tanto devenir de la actualidad en historias que parecen repetirse con nuestro beneplácito rutinario.

Mientras tanto, tenemos este suspiro del tiempo estival o como en el Parlament que se nos van de vacaciones hasta después del 1 de octubre. Qué tiempos más perdidos nos alientan. Recitaba Lorca "cuando sale la luna, el mar cubre la tierra y el corazón se siente isla hasta el infinito". En esa búsqueda me encuentro, entre mi mar y mi isla aunque sea para no perder mi tiempo. Entretanto, miren la luna, como el gato que acaricia los tejados para tenerla más cerca, y olvídense del dedo que les señala cada día porque al final,la perderán de vista.

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