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Abrid la ventana

  • Published in Sara Martinez

Como cada año, celebramos por estos lares del noroeste ese día espléndido donde una escritora eterna como Rosalía de Castro nos acerca a ese mundo interior de la mujer y sus circunstancias. Con ella las circunstancias saben a poesía, entre amores y denuncia social, porque en todas las épocas nos tocan algunas.

Es placentero recuperar lo que otros ya nos contaron en su tiempo. Y es bueno reeditar lecciones de vida con libros y lienzos para entender las luchas pasadas que se entrecruzan nuevamente en nuestro presente. Este país tan poco monocolor en sus afectos y tan huraño con el futuro, siempre encuentra la piedra con la que tropezar dos veces con el mismo hombre. Hermoso epitafio de nuestro ya eterno Forges.

Podría ser que este país hace ya mucho tiempo que no sabe abrir las ventanas de cada día, para orear el rancio soplo de lo ya pasado y recibir todo lo nuevo que nos pueda traer el aire fresco del siguiente amanecer. Tanto es así que disculpo no entrar en vena con los últimos secuestros, sentencias y retiradas de algunos que, dentro de su sentido creativo, denuncian, piensan o relatan. Y la solución, como hace años y hasta siglos, es cerrar de un portazo el pensamiento y la reflexión.

Una vez más, se fragua ese poder extremo, paternalista, que nos defiende de ver, oír o escuchar , sin necesidad de pensarlo por nosotros mismos. Es una pena, ciertamente, que siempre se aplique en el ámbito de lo individual y no lo apliquen en otros pastos de opinión y política, pero claro, eso sería otro estamento bien protegido por aquello de la "res-pública".

Llevamos un tiempo que no alborotamos mucho. Nos unimos en cruzadas inquietantes, jugamos a gritos chirriantes del "a por ellos", sin pensar que eso mismo puede convertirse en un “a por nosotros” en un par de intentos. Algo deberíamos comenzar a reflexionar, aunque parece que tampoco tengamos mucho tiempo para hacerlo. Algo tendríamos que retomar en el hoy para que el mañana sea un poco más fresco.

Aunque ya no sé si es cuestión de tiempo o de miedo. Siempre hemos reconocido que nuestros mayores son el exponente más sólido entre el pasado y el futuro, entre el viejo tiempo y la huella para seguir el camino hacia nuevas décadas. Y precisamente, han sido ellos los que han manifestado una vez más esa decencia entre lo pasado y lo que nos viene encima. Llenar las calles con sus reivindicaciones y su protesta ha dejado la ventana nuevamente abierta, sin miedo y con esperanza de justicia. Abrir la ventana a nuevas soluciones que piloten una mejor justicia y que lo que se impone nunca tiene que confundirse con la verdad.

Son estos tiempos los nuestros, con sus días y sus noches, con la inmediatez de la existencia en el aquí y ahora. Bastante sería remediar nuestras cuitas sin despilfarrar el futuro que les tocará a otros. Sí, es tiempo de reflexionar, a lo mejor a costa de escuchar, leer y sufrir lo que otros no quieren. Es tiempo de crear, y para ello igual necesitamos que entre algo más de luz y respirar una brisa que sepa a nuevo, un viento que traiga limpieza a esta fustigada sociedad.

Regresando a Rosalía, dicen que en su lecho de muerte, en su hermosa habitación humilde de piedra y de tiempo, pidió que abrieran la ventana para seguir respirando ese viento entre las velas que paseaban por el Ulla. Posiblemente, recordaría lo ya recitado por ella misma, "es feliz el que soñando, muere. Desgraciado el que muera sin soñar". Y para ello, es mejor abrir bien las ventanas.

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