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El fuego enemigo

  • Published in Sara Martinez

Me gusta hablar de periodismo. Me acerca a mis inicios profesionales de juventud.

Con esa insaciable responsabilidad de saberte siempre en un límite entre lo cotidiano o que todo pueda cambiar en un segundo. Ya lo decía García Márquez, "Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el de periodista". Y me encanta esa acepción, el oficio. Es cierto que nos hemos profesionalizado, que aprendemos en la universidad muchísimas materias relacionadas con la información, con las estructuras comunicativas, sobre el derecho... Pero para llegar a calificar nuestra actividad como tal hay que llegar al oficio. Esa habilidad que se construye día a día, aprendiendo en cada texto, para abordar esa hermosa meta de publicar lo que alguien no quiere que publiques. Y en ello nos hemos encontrado esta semana, protagonizando un watergate a la española, destapando los pensamientos más profundos de un fugado bajo la bandera del independentismo.

Lo más interesante de todo es observar la forma en que se han hecho públicos y la consecuencia que nos han vendido como el final de un proceso desenmascarando, simplemente, a uno entre dos millones. Precisamente en este punto es cuando más zozobra me provocan estos titulares, ese difícil concepto de la verdad. Posiblemente una de nuestras carencias actuales es saber con certeza si nos cuentan la verdad o no. Si a partir de un titular sabemos con cercana certeza lo que está pasando. Estoy convencida de que al final estamos rodeados de eso que llamamos posverdad, esa palabra que se ha hecho tan famosa en los últimos años, reflejando verdaderamente nuestras pocas exactitudes en esta charlatanería en la que, a veces, se convierte el periodismo.

En muchas ocasiones hay que asumir riesgos para contar lo que, probablemente, algunos no querrían que se contara. Ahora parece que nos acercamos más a publicar lo que quieren algunos bajo el interés de las propias convicciones. Y en cierta manera, el periodismo empieza a convertirse en ese medio manoseado por los intereses particulares para contar aquello que requieren otros. Hace tiempo que las llamadas nuevas tecnologías nos ayudan en este fluir noticioso. No es la primera vez que se hacen públicos mensajes de políticos para utilizarlos como "estocadas informativas". Pocas han tenido calidad resolutiva de nada, y menos cuando lo único que nos proporcionan es la sensación personal de agotamiento o enfado. La información es algo más que un chismorreo de washap que lo único que evidencia son los callejones sin salida en los que nos encontramos. Y me sonroja cuando además los medios justifican estas maniobras para exigir que ciertos políticos se atrevan a decir la verdad a sus correlegionarios.... Fantástica reivindicación, pero de la que tanto carecen, desgraciadamente, muchos de ellos.

Pero esta ha sido una semana más. Regresaremos al temido lunes que con sus características legañas recibirá nuevos titulares y, con suerte, alguna exclusiva más que nos acompañará hasta el deseado viernes; y esta vez, además, para regocijo de todos, es carnaval. Mano de santo.

Sería deseable que tras bajar el listón de este atípico septenario informativo, nos esforzáramos más en cuestiones que ojalá pudieran ser más definitivas en este país, el cual, por momentos, parece que se nos resbala de las manos. Y para nuestro gremio, igual recordar aquella frase de Orwell, "Cuanto más se desvía una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclaman". Y sí, hace tiempo que estamos avisados.

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