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Bicicletas mágicas

  • Published in Sara Martinez

Y por fin llegaron los Reyes Magos, último peldaño para concluir la cima navideña de todos los años.

Concluye de nuevo este trasiego de tiempo para el disfrute y los buenos sentimientos al prójimo. De nuevo, volveremos a la vida cotidiana dejando ya en el recuerdo un sinfín de deseos y un mayor o menor trasquilón al bolsillo. Todo sea por la magia mercantilista de estas fechas. Y como España es diferente, a nuestro tiempo fantástico aún le añadimos una semana más de entrañable disposición con la llegada de los tres Magos de Oriente.

Lo que empieza a ser grotesco es que todos los años tengamos, por mor de la especulación política, algún que otro encontronazo entre la tradición impuesta de cánones a cumplir y las nuevas maneras de solidarizarse con los tiempos y la tierra que compartimos. Pero la verdad, ni siquiera me apetece contar un nuevo argumento sobre lo que debe ser una cabalgata. Les invito a que vean lo que les apetezca, critiquen lo que quieran y que busquen, en algún municipio patrio, a alguien que con peluca y corona ha dado el cante para confirmar las sospechas ante decenas de niños y confesar lo que otros ya no le perdonarían jamás a alguna alcaldesa del otro lado.

En fin, que somos muy retóricos para lo que nos interesa y nos olvidamos de ciertos aspectos cotidianos que no conforman nuestro belén, pero, en cambio, lo llenan de pancartas publicitarias durante mes y medio. Para que luego digan que no existen los Reyes Magos. Si con lo poco decorosos que somos, todavía tenemos a miles de niños esperando inquietos la magia de esta noche tan especial, es que algo está por encima de lo que hacemos para no deteriorar aún más este pobre mundo de tristezas.

Por ello, quiero seguir pensando que la llegada de estos buenos hombres que nos visitan cada año de una manera u otra, pueda significar ese buen deseo que alargue en nuestro espíritu las buenas cosas de las que somos capaces los seres humanos. Que pueda ser una buena oportunidad para anteponer algunos valores de cara a una mejor convivencia o, si pudiera ser, que nos olvidemos de tantos menosprecios que separan y dejemos libres las manos para el abrazo y el compromiso. No pediré un deseo universal de paz, pero apuesto por gestores decentes que respeten los derechos humanos y la honestidad con lo público.

Tampoco pediré unos medios de comunicación perfectos que nos cuenten la verdad de todo lo que ocurre, y me conformaré con aquellos que se mueven desde la deontología profesional por encima de la búsqueda de "likes" masivos a sus panfletos. Igual se lo pongo difícil a estos tres compañeros de vida, pero si ellos han llegado hasta aquí acompañando, aunque sea una vez al año, tanta ilusión, no nos vamos a quedar cortos en las demandas. Tal vez, como me pasaba de pequeña, se olviden de algo de la lista propuesta, pero en su mágica opción igual nos encontramos con alguna sorpresa que sea todavía mucho mejor para este nuevo año ya iniciado. Recuerden aquello de "No es el tamaño del regalo lo que importa, es el tamaño del corazón que lo reparte".

Será esa la magia, cuando lo importante es el sentido, el buen sentido, que seamos capaces de ponerle a cada una de las cosas que hacemos y compartimos. Mientras tanto, tengan la seguridad que siempre permanecerá una estrella... será cuestión de seguir mirándola cada noche para asegurar el buen camino. Y como dijo Einstein "la vida es como una bicicleta. Para mantener el equilibrio tienes que seguir adelante".

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