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Esta España eterna

  • Published in Sara Martinez

Es hermoso ser de este país, de esta España eterna en la historia y siempre impredecible en su tiempo.

Es hermoso sentirse correligionario de los españolitos que guarde Dios y de los que se guardan de las tristezas diarias con las mejores prosas y la sátira más doliente. De alguna manera, lo llevamos en los genes de nuestro pasado. Tan solo mirando a Lope de Vega, a propósito de su aniversario natalicio, podemos recuperar alguno de sus alegatos: "Quien mira lo pasado, lo porvenir advierte".

Buena amonestación de nuestro Lope que tanto pasado dejó en vida. Poco lo aplicamos en este país, y no será por pasado. Esta tierra nuestra tiene buenas toneladas de tiempo; pero claro, igual la propuesta del genial dramatugo se queda en el olvido gracias a nuestra obstinada habilidad con el futuro tecnológico y nuestra desmemoriada sapiencia del pasado analógico. Algo así les tuvo que pasar en el ayuntamiento de Madrid a ese grupo de funcionarios de seguridad ciudadana, para más señas, del turno de noche, con el uso de las tecnologías.

Han demostrado la facilidad de intercomunicar el peor de los estilos democráticos y, posiblemente, la peor de las conciencias para quienes dejamos en sus manos el cumplimiento de la ley y la salvaguarda de los derechos fundamentales de la ciudadanía. Estoy convencida de que cualquiera de ellos debería tener entre sus obligaciones poseer más de Lope y menos BIOS sociales donde vomitar tanta insidia humanitaria.

Pero tampoco pasará mucho más. Seguro que tendrán más de una voz convergente sobre sus pensamientos, más allá del negativo corporativismo profesional. Y pienso que, precisamente, esta actitud es la más infame. Este hermoso país recoge siempre lo peor de nuestra historia, los hábitos del odio y, como ya he comentado en alguna ocasión, la intolerancia de los bandos. Y ahí está nuestro particular porvenir.

Sin mirar nuestro pasado, retomamos leyes que limitan garantías constitucionales en pro de la paz social, o advertimos la necesidad de ahondar en las banderas nuestra paupérrima madurez histórica, esa historia de la que cada vez sabemos menos a pesar de cacarearla tanto. Algunos lo justificarán por las fallas de nuestro sistema educativo, que pudiera ser, pero individualmente, nuestra es la responsabilidad de seguir o no en el chiste fácil y olvidando los libros. Tanto mirar de reojo, nos dejará tuertos.

Es así nuestra patria, de quienes roban la simbología a toda la sociedad porque ellos son los dueños desde su ideología. Malos hábitos tomamos del hablar sin escuchar, o escuchar sin aprender, "pero hay hombres tan orales, que las cosas que no entienden las juzgan de disparates". Sí, también es de Lope. Estaría pensando en nuestro porvenir, más allá de la web2.0, que sigue sin guardarnos del peligro de los necios.

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