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El Tronar de Noviembre

  • Published in Sara Martinez

Dice un refrán "Si en noviembre oyes que truena, la siguiente cosecha será buena".

Y algo ha relampagueado. Todavía tenemos esperanza en este mes, que siempre abriga una cierta melancolía que llama al letargo de sentimientos y nos rodea de cierto halo de recuerdos. Tendremos la estupenda fortuna de comenzar a ver la iluminación de las calles y los movimientos cada vez más tempranos en los lineales de los supermercados con los productos dulzones navideños.

Será verdad que la vida pasa a pesar de todos los males que nos puedan rodear. Decía Manuel Azaña "Si cada español hablara de lo que sabe, se haría un gran silencio nacional que podríamos aprovechar para estudiar". Y quien dice estudiar, lo puede aplicar a leer, informarse o simplemente reflexionar del estupendo barullo externo. Los españoles hemos tenido siempre fama de ruidosos. Y de alguna manera, nos hemos sentido orgullosos gracias a ese estupendo estereotipo de festeros. Nos gusta la fiesta, la alegría y el jolgorio.

Ya lo dijo un político contemporáneo en Valencia hablando de su propio partido "la fiesta no se acaba nunca". Viendo los últimos resultados de intención del voto del CIS podríamos aseverar que verdaderamente la fiesta parece no tener fin. Nos liamos fácilmente la manta a la cabeza y, a pesar de la que está cayendo, nos alineamos con la superficialidad de las costumbres. También lo han hecho los medios de comunicación con el apagón informativo desde la explosión del "procés catalán". Las habituales noticias sobre corrupción siguieron su camino, alejándose de nuestra preocupación. Tras tener el corazón en un puño por el terrorismo yihadista, pasamos de puntillas ante el último ataque en el mundo occidental. Y digo occidental porque los atentados en paises musulmanes ya ni se nos cuentan en ningún informativo. Y si se hace, vaya usted a saber en qué pequeña reseña lo han colocado.

En fin, que hemos ganado en sabedores de derecho constitucional y de hábitos democráticos, y quedan en el olvido estadístico cuestiones tan cercanas a nuestra piel y nuestro bolsillo como la bajada del salario medio, la subida irrenunciable de la luz o el rechazo a nuevas propuestas de garantías sociales sobre los desahucios. Simplemente tres para servir de ejemplo.

De nada nos servirá dar soluciones abstractas a cualquier problema de convivencia desde legalidades que mañana podrán cambiar por otras, que seguirán siendo jurídicamente aceptadas. Los problemas de todos los bandos sociales seguirán en cada una de nuestras casas, y para algunos, la cena de navidad seguirá siendo el polvorín de las relaciones familiares. Me sonrío al escuchar a algunos dirigentes políticos la gran preocupación que tienen por la fractura de las familias y amigos. Me sonrío porque estoy segura que al final también legislarán sobre ello... Y quien sabe, igual nos intervienen con un 155 en medio de la cena si se pone tensa la cosa.

Mientras tanto y siguiendo con el refranero de este bucólico mes, tendremos que esperar a Santa Catalina y comprobar si la nieve llega a la cocina. Tal vez tengamos una oportunidad para acurrucarnos un rato, aprovechar para no hablar tanto y darle una oportunidad a eso tan hermoso en los seres humanos que es la libertad de pensar. Como decía Jose Luis Sampedro " sin la libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada".

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