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Sara Martinez

La espada del miedo

No sé si será como decía nuestro viajero Azorín, que "la vejez es la pérdida de la curiosidad", y nos encontremos en esta tierra de piel de toro con esa prematura ancianidad superpuesta sobre nosotros.

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El Leviatán dormido

A pesar de nuestro intento de recordar de dónde venimos, más que nada por aquello de saber a dónde vamos, reconozcamos que seguimos pasando de largo sobre ese miedo político que siempre acecha en la esquina de nuestra propia historia.

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Jacques el fatalista

Cuenta el enciclopedista francés Denis Diderot en su Jacques el fatalista, que "por grande que fuera la miseria de la gente pobre, sin tener pan para ellos, todos tenían un perro porque todos queremos mandar sobre otro".

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Disonancias

Los biógrafos de Sócrates recuperaron una cita hermosa que decía: “el mal uso del lenguaje induce el mal en el alma”.

Y no creo que se refiriera a cuestiones ortográficas o gramaticales como tal. Intuyo que sabiendo cómo terminó sus días nuestro filósofo griego, tenía su referente en el buen uso vehicular que puede o no promover un arma tan excepcional como nuestro lenguaje propio. Nuestra capacidad comunicativa alienta la creatividad y la redundancia para exponer ideas básicas y simples de nombrar. Pero nos gusta la retórica y el embelesamiento sonoro de la charlatanería. Porque en estos tiempos donde la lectura de creación queda para una minoría, el uso del lenguaje sigue estando en manos de la política o del dinero.

Sobrecoge escuchar los calificativos gruesos de estos últimos días, protagonizando el rifirrafe diario de nuestros representantes y haciendo de ello el principal argumento del debate político. Algo estamos haciendo a favor del retroceso en nuestras libertades cuando inducimos con nuestro hablar al abaratamiento de nuestra condición. Retorcer significados para el queda bien habitual, reforzando ese obstinamiento entre buenos y malos que tanto desgaste democrático produce.

Como recuerda el psicólogo social norteamericano Leon Festinger en su Teoría de la Disonancia Cognoscitiva, somos capaces de atravesar desiertos para seguir pensando lo que nosotros creemos. Y en esa solución tan pobre nos encontramos. Nos dará igual casi todo para superar ese malestar cuando recibimos información que contradice nuestras creencias previas.

Esto me recuerda que a pesar de tantas evidencias sobre nuestra maltrecha política cotidiana, seguimos usurpando a la lógica el rechazo hacia lo negativo de nuestra historia. Somos avezados en hablar de ocupas y olvidarnos de las motivaciones que llevaron a esa mal llamada ocupación. Somos talibanes constitucionalistas para seguir hablando de sediciones y rebeliones a pesar de desconocer otros cientos de articulados que contravenimos todos los días en nuestra cotidiana existencia.

Aprovechamos palabras tan gruesas para fortalecer nuestra sufrida disonancia cognitiva que nos lleva a seguir entorpeciendo nuestra memoria sobre lo que verdaderamente nos preocupa en este vivir diario.

El hermoso arte del lenguaje humano que tantas palabras ha surtido para florecer el alma de nuestra esencia, empieza a delirar demasiado en cuestiones que sirven para propagar engañosamente postulados políticos o económicos.

Ya lo decía nuestra querida filósofa andaluza María Zambrano, “la palabra de la poesía temblará siempre sobre el silencio...” Y reconozcamos que entre excesivos ruidos andamos en esta pobre actualidad. Me quedo con las palabras de nuestro prolífico Mario Benedetti: “De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves. Que te enseñen a ver con otros ojos”. Y de eso se ha convenido siempre. En coincidir en el lugar y aprovechar las diferencias para crear algo nuevo. El peligro de no hacerlo es que al final nuestras disonancias grupales solo sabrán de silencios y servidumbres tranquilas. Y de todo esto, ya tenemos en exceso.

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Solo basta una mirada

Decía en sus diarios la escritora Anaïs Nin que "no vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros".

Y ciertamente, esa es nuestra sana virtud humana de obtener tantas visiones y, por tanto, tantas propuestas como ojos brillan al sol cada día. Si reflexionamos, en nada habríamos evolucionado sin contar con tantas retinas diversas que consiguieron acertar en explicaciones biológicas, sociales, humanas, filosóficas, históricas... que perfeccionaron nuestra existencia, década tras década. Por tanto, podemos asegurar que la diversidad y el enfrentamiento en ideas siempre ha generado esa riqueza inmaterial en este mundo materializado de olvidos.

Ya lo apuntaba el psiquiatra David Viscott al afirmar que "el mundo es un rompecabezas cuyas piezas cada uno de nosotros arma de diferentes maneras". Será por ello que nunca llegaremos a obtener el máximo exponente de consenso y tendremos que lidiar siempre con la tentación de imposiciones de quienes se crean con derecho a ello.

Es difícil entender nuestro actual jeroglífico, en el que dependemos no solamente de nuestras piezas nacionales, sino también de las que nos lanzan desde la diversidad de este estado global en el que nos hemos convertido todos. Nunca he entendido excesivamente los llamados nacionalismos, sean de la ideología que sean, a no ser por el concepto de origen como valor universal, convirtiéndose en una idea inclusiva, cultural y diversificada en lo propia esencia de cada individuo. A propósito de los esperpentos bélicos de la primera mitad del siglo pasado, pareciera que hubiésemos llegado a una conclusión cósmica sobre las ideas de justicia, libertad y fraternidad entre diferentes. Y aunque algunos sostienen que la historia no se repite como tal, sí que podemos concluir que las piezas se pueden descolocar de tal manera que nos lleven, otra vez, a pintar el mismo lienzo.

Todos repetimos la indignación sobre soluciones míseras ante la migración descontrolada o las traiciones a las patrias de cada uno y hasta la reescritura de nuestra historia. Mientras tanto, ante posiciones inmovilistas, perdemos la posibilidad de mejorar nuestra propia leyenda actual, completando lo que quedó por hacer y medrando en sabiduría, abanderar tanta diversidad de la que nos deberíamos enorgullecer.

Descendiendo a nuestra tierra madre, nos encontramos con los protagonistas de nuestras sesgadas visiones, aquellos que deberían trabajar para mejorar los caminos que nos puedan incluir a todos. Muy al contrario, nos ofrecen una escena más de la chapuza nacional para rivalizar hasta con la ponderación de las capacidades de los niños y niñas dependiendo del lugar donde vivan. O nos tenemos que tragar el baile de San Vito del propio Tribunal Supremo ante la alarmante rectificación a propósito de los gastos hipotecarios. Pero ya saben, a algunos les encantan los banqueros, y menos los que luchamos diariamente por mantener el equilibrio de nuestras finanzas personales. Para que luego nos sigan pidiendo esfuerzos...

En fin, que como bien dice un programa televisivo, parece que siempre deberíamos arriesgar por ese ojo que todo lo ve, olvidando que cada uno tenemos la capacidad de mirar y observar las diferencias con el compañero. Por cierto, un programa de la llamada "caja tonta" que una vez más subleva hasta al más moderado, ajustando cuentas con maltrechos concursantes que demuestran la indolencia sobre el maltrato a las mujeres haciéndose los machitos. Ya lo decía el director de cine Federico Fellini, "la televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural". A lo mejor, si seguimos mirando, podremos sobreponernos a este abatimiento y volver a mirar a nuestro lado.

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El ruido del silencio

Dice el filósofo norteamericano Noam Chosmky que "el verdadero problema del mundo es cómo impedir que salte por los aires".

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Una puerta para marchar

En este habitual frasear de cada semana, destaca en mi búsqueda una sentencia vital que me ha gustado: “que no exista una razón para quedarse es una buena razón para marcharse".

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Confianzas quebradas

Uno de los capítulos de la segunda parte de nuestro querido Quijote de Cervantes comienza con una frase que, a partir de nuestro propio refranero, nos puede servir para recapitular los últimos días de esta España que con tanta vehemencia tratamos en estos tiempos: "la verdad adelgaza pero no quiebra y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua".

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Los desastres del buen alumno

"España es un desastre", así le daba el chivatazo nuestro alumno más aventajado en ejecución de licenciaturas y másteres al Presidente de la Comisión Europea.

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