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El agua o no sé qué me da más risa: la “Participación” o la “Transparencia”

  • Published in Recaredo Nadal

Sí, me equivoqué. Es lo que pasa cuando no se entiende de política municipal.

El caso es que, en el pleno municipal del pasado octubre, cuando se presentó una moción con el propósito de constituir un “Consejo municipal del Agua de Mislata”, yo pensé que un equipo de gobierno, que tiene como una de sus muletillas preferidas, la “participación ciudadana”, daría, sin problemas, su voto a favor. Incluso, aunque lo hiciera por salvar las apariencias, como ocurrió con el “Consejo Económico y Social de Mislata” que se aprobó allá por el año 2014, y, hoy, cinco años después todavía no se ha constituido. Me equivoqué. Todavía no sé el por qué en esto del agua, la participación ciudadana está mal vista. Quizás sea un santo temor reverencial a Aguas de Valencia.

Como casi siempre que hay que defender lo que parece indefendible, salió, a comerse el marrón, el hábil concejal Catalá. Hizo lo único que podía hacer en estos casos. Tirarse a la piscina dentro del área y ver si pica el árbitro. Nada parecido a recibir el balón en el centro del campo y lanzarse como una flecha sobre la portería contraria, como hacía Piojo López cuando jugaba contra el Barcelona. Para ello, aprovechó la escueta motivación de la creación de este “Consejo”, que venía en la moción, y la tomó como si fuera una patada en la espinilla.

Literalmente, la motivación para crear el consejo era “para el seguimiento y estudio del modelo de gestión del ciclo integral del agua”. Y el razonamiento del concejal que se oponía a este Consejo, era que, puesto que todavía faltan unos catorce años, para la finalización de la concesión, ponerse a estudiar, ahora, un nuevo modelo de gestión era demasiado prematuro. ¿Quién sabe dónde estaremos, usted y yo, dentro de catorce años?, comentó. Por tanto, “votaremos en contra”.

A continuación, tuvo un gesto deportivo, a modo de disculpa ante el rival, pero poquito, no fuera a ser que el árbitro se percatara y se arrepintiera de haber pitado el penalti.

Por ejemplo, vino a decir, que en Mislata, tenemos una concesión con una empresa privada, que se hizo por veinticinco años y que, por tanto, todo está atado y el ayuntamiento no puede modificar nada. Esto traducido a mi idioma quiere decir, que, en el caso de que la moción hubiera llevado una perfectísima definición de los objetivos del “Consejo”, el equipo de gobierno se habría visto obligado a utilizar esta nueva excusa, para vetarlo. Lo malo, es que esta excusa es mucho más endeble. Solo hay que dar un vistazo al capítulo 6, del pliego de prescripciones técnicas, titulado “derechos del ayuntamiento”, para echar por tierra ese argumento.

Seguía excusándose, el concejal, ante el defensa y decía: “Cuando se votó la actual concesión, yo propuse un esquema tarifario “escalonado”, para que pagaran más los que más derrochaban el agua, y no me lo aceptaron. Pero cuando yo leo el capítulo 11 del Pliego de Prescripciones Técnicas, veo lo siguiente:

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Y, el caso es que, aquí, no veo nada que prohíba, a un equipo de gobierno del ayuntamiento, cambiar el sistema de escalón único a un esquema de varios escalones. ¿Por qué no se hace ahora?

Seguí excusándose, el concejal, ante el defensa y decía algo así como que cuando se votó el convenio, el propuso una serie de bonificaciones para abonados con dificultades económicas. Pero no he leído nada en el Pliego que prohíba establecerlas, siempre que se cumpla el equilibrio económico de la concesión. ¿Porque no se hace ahora? Y, por cierto, ¿Qué pasó con la moción que se aprobó el 27 de febrero de 2014, que obligaba al ayuntamiento a instar a la empresa concesionaria a aportar soluciones para casos de emergencia social?:

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¿Se instó o no se instó? Y si se instó, ¿cuál fue el resultado?

Siguió excusándose el concejal, ante el defensa y dijo algo así como: “En el convenio anterior había una cláusula que decía que la tarifa del agua en Mislata, no podía ser más alta que en Valencia. No se me hizo caso y se quitó la cláusula”. Pero yo voy a las al Pliego de Prescripciones Técnicas y lo que leo es lo siguiente, relativo a los derechos de la concesionaria:

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Vamos..., que si el agua en Mislata resultara más cara que en la vecina Valencia, (cosa que puede comprobar cualquiera, que efectivamente es así) solo podría ser, bien porque el beneficio que se le garantiza a la concesionaria es superior al que el que le garantiza la vecina Valencia, a la misma empresa, o bien, porque los gastos de explotación en Mislata, estarían descontrolados. ¿Por qué no nos dicen, o nos dejan comprobar, si es una cosa o la otra?

Se sigue disculpando, el concejal, ante el defensa y dice algo así como que cuando se votó la aprobación de la concesión, él propuso que la amortización de la inversión en las redes, no se amortizara en la tarifa del agua que pagan los abonados. Eso podría ser más o menos discutible. Lo que no es, para nada discutible, es que el “Canon de Concesión”, si no se hubiera invertido en la mejora de la prestación del propio servicio de agua potable, NO se puede amortizar en la tarifa. Y, como no hemos recibido contestación a nuestra pregunta al ayuntamiento, acerca de en qué se gastó ese canon, es bastante previsible que no se utilizara en la mejora del servicio. Y para remachar esta idea, me voy al Pliego de Prescripciones Técnicas y me encuentro este párrafo:

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Vamos..., que el canon no se podría amortizar en tarifa. Entonces, ¿Por qué se hace? ¿De verdad que el ayuntamiento no puede reconducir el tema y hacer que se cumpla el contrato?

Y para acabar, el concejal se excusaba, no solo, ante el defensa sino ante la afición que llenaba el estadio, diciendo algo así como que la transparencia era perfecta.

Incluso dijo que, recientemente, habían contestado a dos consultas de los vecinos, sobre el tema del agua. Me alegré, porque pensaba que serían nuestras consultas, aunque no nos hubiesen llegado todavía. Al cabo de unos días, asimilé que esas consultas contestadas, no eran las nuestras. Por si sirve de algo, aquí dejo los números de entrada en el registro: 18075 y 18076, del 5 de septiembre. Más de dos meses.

En fin.

Todo dicho como siempre, estimado Alfredo, con cariño.

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