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Wörgl y un alcalde osado

  • Published in Recaredo Nadal

Wörgl es otra de las localidades que todavía no he visitado. Digo eso para justificar que, lo que viene a continuación, no puedo tener la seguridad de que pasó tal como se cuenta que pasó.

En cualquier caso, la historia de uno de los alcaldes de este pueblo es interesante y merece la pena que sea recontada hasta que quede definitivamente olvidada, porque tengo claro, que no pasará ni a los libros de historia ni a los libros de economía.

La historia pasa en los años 30 del siglo pasado. La situación es de crisis económica global. La crisis es de tal magnitud que se conoce como la "Gran Depresión". Me gustaría saber que nombre le darán a la nuestra, la que llevamos arrastrando ya diez años. Wörgl, por aquellos tiempos tenia un porcentaje alto de desempleados, aunque la cifra varía según las fuentes. En cualquier caso, una cifra alta y sin previsión de mejora. Esta triste perspectiva es la que tiene delante Michael Unterguggenbergen, que es el alcalde de Wörgl, precisamente, en esos delicados tiempos. Lo que diferencia, a este hombre, de otros alcaldes de entonces y de ahora, es que es suficientemente osado como para tomar acciones para atacar las causas de esa depresión, en lugar de quedarse solamente, poniendo paños calientes, tirando de subvenciones para paliar los problemas de los vecinos, sin que estos se solucionen, sino que cada vez son más, los vecinos que necesitan esas ayudas.Consejo municipal

Unterguggenbergen era conocedor de la teoría económica de un tal Silvio Gessel, otro economista que tampoco encontrareis en los libros de economía. Imposible resumir su teoría en un párrafo, pero me arriesgaré. Proponía, este hombre, que el dinero tiene dos utilidades no solo diferentes sino que se pegan de leches entre si (y disculpad la expresión poco académica, pero suficientemente descriptiva). Por un lado sirve para permitir el intercambio y poder disfrutar de la economía de mercado y por otro lado, si te guardas ese dinero, sirve también, como reserva de riqueza. Pero, claro si te lo guardas, o te lo llevas al Caribe o a China, aunque sea por medios legales, dejas a la comunidad sin dinero y la hundes en la miseria. De ahí, haciendo una pirueta, podríamos acabar diciendo que sería conveniente contar con un tipo de dinero complementario, con unas características que hicieran que la gente no quisiera acapararlo, ni sacarlo de la circulación.

Nuestro alcalde, me refiero al de Wörgl, puso en marcha la imprenta municipal. Imprimió billetes, que perdían valor con el paso del tiempo. Cada billete tenía doce casillas, una para cada mes del año. Para que el billete conservara su valor, había que comprar un sello y pegarlo en la casilla correspondiente del mes en curso. Las casillas de los meses anteriores, lógicamente, debían de tener ,ya, su sello correspondiente. Cuando todo estuvo preparado, en 1932, puso en marcha, las obras municipales que eran necesarias realizar, asfaltado de calle, un nuevo puente, una pista de salto de ski (Wörgl está en el Tirol) y pagó a los vecinos que intervinieron en la realización de estas obras, con estos billetes, que perdían valor con el paso del tiempo. También empezó a pagar, a los funcionarios municipales, parte de su sueldo, con estos billetes "oxidables" (oxidables, porque como el hierro, con el paso del tiempo se oxida y pierde su valor. También hay una bonita historia sobre un rey griego que, quizás por esto mismo, prefería hacer sus monedas, de hierro, en lugar de hacerlas de oro).

La gente que recibió estos billetes, se los gastaba en cuanto podía, para evitarse tener que pagar el sello necesario para que los billetes no perdieran valor. Dicen los textos que narran esta historia, que el dinero circulaba a una velocidad unas veinte veces mayor que el dinero normal. Hasta los vecinos decidían pagar por anticipado los impuestos municipales, para ahorrarse el gasto de mantener los billetes. La actividad económica volvió a Wörgl. Dicen los textos que narran esta historia, que el desempleo desapareció. (Otras fuentes dicen que el desempleo pasó, en un año, del 24%, a sólo un 14 %). Hasta las actividades culturales, retornaron al pueblo, el teatro se reabrió. Y, en contra de lo que auguran las teorías económicas académicas, no se llegó a producir una inflación, que es el riesgo de imprimir dinero (o fabricar prestamos) desaforadamente.

¿Cómo acabó este experimento? Supongo que ya os lo imagináis. Las autoridades declararon que este dinero era un "atentado" contra la autoridad del estado, para acuñar moneda e imprimir billetes. Fue prohibido en 1933. Cuando se consumó esa prohibición, el alcalde dijo, sobre esta "moneda de circulación garantizada": "Sin embargo, he logrado mandar una señal al mundo de que es posible. ¡El mundo y yo lo hemos corroborado! Esta nueva conciencia tiene ahora que madurar lentamente en el entendimiento colectivo de los hombres. En un principio, la introducción del ferrocarril también quiso evitarse.” (Unterguggenbergen, había sido maquinista de ferrocarril).

... Y en eso estamos 90 años después: madurando y madurando... y sufriendo la misma crisis que, los aprovechados, llaman cíclica, como si fuera cosa de la madre naturaleza y no fuera cosa del dinero-deuda bancaria, que utilizamos.

Todo dicho, como siempre, con cariño. Especialmente hoy, por si alguien se siente concernido.

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