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Los nemasitos y la expansión monetaria

  • Published in Recaredo Nadal

Ha pasado desapercibida, (al menos más desapercibida de lo que se merece una buena idea), la campaña de Nemasa, para fomentar el reciclaje de envases de plástico por el muy lógico sistema de “pagar” por cada envase que se entrega para su reciclaje.

El “pago” consistía en la entrega de unos puntos, a los que se les bautizó con el nombre de “nemasitos”. Luego, esos nemasitos podían ser canjeados por regalos. Es de suponer que la campaña supusiera un cierto coste para la empresa y, de rebote, supusiera también un coste para el ayuntamiento, principal cliente de la empresa, que es quien, al final, corre con los gastos.

Era cuestión de tiempo que alguien, en una de las redes sociales que funcionan en Mislata, sugiriera la idea consecuente: ¿Por qué no se continúa la campaña, pero dando puntos con los que poder comprar en las tiendas?

Aparentemente, es una idea fantasiosa. Pero vale la pena darle un par de pases. El problema inicial que se plantea es: ¿Es razonable una actuación de este tipo, en el que un ayuntamiento emite vales, a cambio de envases vacíos, y que estos vales puedan ser utilizables para la compra en comercios?

Empecemos por dar una solución trivial, una explicación general que sirva para cualquier municipio. Para ello tengo que recordar que el Banco de Europa tiene como una de sus políticas “estrella”, una que llama “Quantitative Easing” (Facilidades cuantitativas... de dinero). Muy simplificada, esta política consiste en crear dinero e introducirlo en la economía para que impulsar un crecimiento de esa misma economía. En realidad, no imprime el dinero, sino que compra a los bancos unos activos financieros, que probablemente valgan menos que unos envases de plástico reciclables. A cambio, el banco recibe dinerito fresco (aunque sea en forma de apuntes contables en sus cuentas en el BdE. Y luego, ese dinerito fresco, lo pueden introducir en la economía por medio de préstamos y créditos. Obviamente, el sistema no funciona, porque los bancos destinan su dinerito fresco a sus inversiones en bolsa, fondos de comercio y otros activos financieros, lo que hace que la economía financiera vaya de pm mientas la economía real no nota ninguna mejora. Y, por ese procedimiento se crean 60.000 millones de euros al mes.

De forma semejante, con un sistema de compra de activos plásticos para reciclar, pagados con la emisión de vales, estaríamos echando una mano al BdE. Y con mucha mayor eficiencia, ya que todo el dinerito fresco (los vales) llegarían a donde tienen que llegar que es a la economía real y no a la financiera: todos los vales se utilizarían en compras en los comercios y mejoraría la economía real, en sintonía con la intención del BdE. Estáis pensando que suena a broma, pero pensadlo dos veces, a ver si a la segunda os suena más a cosa seria.

Y, ahora vayamos a una solución particular. Esta solución particular dependerá de las condiciones concretas de nuestro problema, en este caso dependerá de las condiciones particulares de Mislata. Porque, una de esas condiciones particulares responde a una pregunta del estilo de ¿quién va a pagar esta fiesta? Porque puede estar bien emitir vales, pero, después, los comerciantes querrán ver como los convierten en euros para poder ir reponiendo los bienes que han vendido y cobrado en vales. Propondré una solución que además cumple con la condición de ser la más conservadora, o dicho de otro modo, (ya escribo como Mariano) que sea una solución la menos arriesgada.

Para ello fijémonos en una partida de gasto, que ya aparece en los presupuestos municipales: “Transferencias comercio...12.000 euros”. Vamos que el ayuntamiento va a dedicar 12.000 euros del dinero de nuestros impuestos en ayuda al comercio local. Loable intención, aunque no sé si eficaz o eficiente. A unas malas podríamos dedicar esos 12.000 euros como respaldo para la emisión de vales, por un valor de los mismos 12.000 euros. Y así, sin aumentar el presupuesto, tendríamos 12.000 nemasitos completamente convertibles en euros. Y, si el sistema funcionara y la gente tuviera cierto compromiso con el comercio local y no solo de boquilla, estos nemasitos podrían seguir circulando entre el comercio local durante una cierta vida útil, que podría acabar con la campaña del pago del IBI anual, ya que el ayuntamiento aceptaría el pago de sus impuestos locales con los mismos nemasitos que ha emitido, hasta esos 12.000 nemasitos. Eso, en el caso de haber escogido la solución más conservadora. Sin un euro más de gasto. Y, quizás los comerciantes (si las cantidades son pequeñas) ni siquiera hagan uso de la posibilidad de convertir los nemasitos a euros, sino que los utilicen para el pago de impuestos y en ese caso, la fiesta saldría prácticamente gratis.

Todo ello, dando por supuesto que los comerciantes que se adhieran al sistema, lo harían voluntariamente. Yo lo haría.

No acabaré diciendo aquello de “todo ello dicho con cariño”, pero si recordando que todo ello dicho con cierta ironía, por si alguien no la hubiera captado.

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