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Una de monedas locales

  • Published in Recaredo Nadal

Leí, hace tiempo, un caso ficticio, sobre un billete milagroso. Estaba bien escrito, así que lo transcribo directamente de la página web donde lo leí, esperando que al autor del artículo en donde estaba incluido este caso, el economista Carlos Rodríguez Braun, no tenga ningún reparo (La dirección web es http://www.expansion.com/2012/02/19/opinion/tribunas/1329685029.html.)

“Un turista llega a un hotel en un pueblo, deja un billete de 100 euros en el mostrador y pide inspeccionar las habitaciones. Cuando se pierde de vista, el propietario echa mano del billete y corre a pagar su deuda de igual cuantía con el carnicero; éste se apresura a saldar la misma deuda con el panadero; éste le debía 100 euros a la prostituta, que los cobra y, a su vez, se acerca al hotel y vuelve a dejar el mismo billete en el mostrador en pago de lo que debía al propietario. En ese momento, regresa el turista, dice que no le gustan las habitaciones, toma el billete y se marcha. Nadie ha producido nada, nadie ha ganado nada, pero el pueblo ahora vive sin deudas y puede mirar hacia el futuro con más confianza. ¡Magia potagia! Basta con que el dinero circule para superar la crisis”.

Está claro que este caso igual sirve para un roto que para un descosido, y yo lo voy a utilizar para mi descosido particular. Después de casi diez años de crisis, salpicados de fugaces brotes verdes, hemos oído hablar mucho sobre sus causas, pero hemos oído pocas veces, que quizás, una más, entre las muchas causas, de nuestra crisis nacional, sea la falta de billetes. ¿Será posible que nos falten billetes? O dicho de otra forma: ¿es posible que tengamos menos billetes de los que deberíamos tener y por eso estamos cargados de deudas? ¿Nos harían falta unos cuantos billetes mágicos para cancelar nuestras deudas y superar la crisis, como en el caso del ejemplo? En un sistema tan mastodóntico, como nuestro euro, es imposible saberlo.

Por otra parte, sería interesante saber cuál ha sido la causa por la que ese pueblo se ha quedado sin billetes. ¿Se los habrá llevado su Bárcenas autóctono, a su Suiza autóctona? ¿Será que todos los habitantes del pueblo, han comprado a la vez, material tecnológico, ropa y zapatos a su China autóctona, y se han quedado todos a la vez, sin billetes, después de realizar las correspondientes transferencias?

Y la última parte, sería más interesante todavía, encontrar una solución a la falta de billetes, porque no está claro que se nos vaya a presentar un turista con suficientes billetes para arreglarnos el problema y, lo que es más difícil, que sea un turista o algún fondo buitre o soberano, como, a veces, se les llama, que no nos cobre intereses por dejarnos los billetes mágicos. Supongo que cada uno tiene su posible solución, igual que cada uno tiene su mejor alineación para el Valencia CF. Yo me voy a referir a una que se está poniendo en práctica en algunos países europeos y de la que no se oye hablar para nada en los medios de comunicación españoles: las monedas locales. Por ser justos, esta “posible” solución tuvo cierto eco en la prensa, cuando, hace unos pocos meses, la alcaldesa de Barcelona, expuso su intención de llevarla a la práctica. Aunque ese eco, no sé si fue para bien o para mal.

Me da la impresión que cuando, mucha gente oye hablar de monedas locales, piensa en teorías económicas para gente que se ha quedado fuera del “sistema” o de gente, directamente, “antisistema”. Nada más lejos de la realidad. El mismísimo Hayek, referente de economistas para nada antisistema, escribía frases tan lapidarias, como “La competencia proporcionaría mejor dinero que el gobierno”. Así que para los amantes del mercado y de la competencia, una sana competencia entre monedas, una local y el euro, debería ser algo deseable y para nada perseguible.

Buenos amigos, me argumentan que con una moneda local, no se podría comprar cosas fuera de la comunidad. Pero una buena moneda local debería estar concebida de forma que fuera perfectamente convertible, con lo cual se evitaría este problema. También me argumentan que con una moneda de este tipo, sería más difícil que la gente de fuera de la comunidad, comprara en ella. Pero nadie está hablando de una moneda que sustituya a otra, solo se habla de una moneda que complemente a otra y por tanto cualquier comerciante o empresario, que voluntariamente admitiese cobrar en moneda local, seguiría admitiendo cobrar en euros.

En fin, también me dicen que una comunidad que terminara creando su propia moneda local, acabaría encerrada en sí misma y podría llegar a perder el tren del progreso. Me dicen que esta medida, como todas las medidas localistas, van en contra del progreso, de la globalización y es poner puertas al campo. Me voy a arriesgar a escribir que globalización no es sinónimo de progreso. Como en todo, hay globalización que bien llevada, sí es progreso y hay globalización que, mal llevada, es todo lo contrario de progreso. La verdad, llevamos diez años de globalización y, aquí, nuestro ayuntamiento, cada vez destina más dinero a paliar problemas sociales de los vecinos. Así que la cosa no debe estar muy clara.

Con este artículo, he querido quitar hierro a las críticas que se les suele hacer a las monedas locales. Si estáis interesados en conocer más acerca de ellas, de sus posibles ventajas y de su funcionamiento, os invito a la charla que se dará, Miguel Yasuyuki, el lunes 23, en Mislata.

Y, como colofón, solo me cabe remarcar que no se es más europeísta, por defender con mayor ahínco, al euro frente a las monedas locales. Se puede ser tan europeísta, como el que más, si se señalan los defectos del euro, para que alguien, allí arriba, sepa que tiene el deber de arreglarlos. Para mí, las monedas locales tienen el fin de recordarnos que ninguna comunidad debe llegar a quedarse sin sus billetes, sean mágicos o no lo sean.

 

 

 

 

 

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