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Benessere

  • Published in Juan Costa

En italiano “benestare” no se traduce como bienestar, sino que más bien tiene el sentido de aprobación.

Cuando lees “benessere” un hispanohablante traducirá mentalmente como bienser que es un concepto que no existe en nuestro idioma ni tampoco en valenciano.

Seguramente pesa mucho la tradición teológica que llevamos en la mochila y que lleva implícito que no se puede “ser” mal, solamente se puede ser bien. El “Ser” con mayúscula es la divinidad que posee todos los atributos del bien, y sin embargo el mal está vacío de contenido en realidad, se define como la ausencia del bien.

Si has superado esta introducción verás la anécdota de la que quiero hablar en este artículo, resulta que Aznar en 1998 llevó al parlamento una ley que permitía a la Iglesia Católica inmatricular propiedades inmuebles al margen del procedimiento ordinario.

El procedimiento ordinario por el que se llega a figurar como propietario en el Registro de la Propiedad suele ser el siguiente, se acredita mediante una escritura notarial de compraventa que se han cumplido los requisitos legales que desde el derecho romano se han estipulado para este tipo de negocios jurídicos en concreto que existe el título y el modo, es decir que se aporta el título o escritura notarial de compraventa en donde consta el modo: la entrega de las llaves y el pago de precio correspondiente.

Recientemente el arzobispo de Valencia, cardenal Cañizares dio instrucciones de vender inmuebles para paliar la grave necesidad que percibía en la sociedad en este momento de penuria y crisis, lo que resulta encomiable a todos los efectos, y es coherente con el mensaje evangélico que el Papa Francisco ha proclamado desde antes de acceder al pontificado.

Un periódico digital de Madrid, el Diario.es publicó el día 16 de febrero la lista con los 34.961 bienes inmatriculados por la Iglesia en España con la Ley de Aznar. Y siguiendo el método de investigación que aplica Reca, mi compañero de redacción y columnista, me propuse comprobar si había en esa lista bienes inmuebles de Mislata, y ¿adivinan qué?

Exacto, sí que había. Se trata nada más y nada menos que la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles a escasos metros de la puerta del ayuntamiento. Sin embargo, los concejales no sabían nada del tema. Se están desayunando ahora mientras leen este artículo. El asunto viene de lejos. La génesis del problema es la siguiente: hasta la reforma de Aznar de 1998, los templos no podían ser inscritos pero los obispos registraron a su nombre todo el tesoro mudéjar de Zaragoza, algunas joyas del prerrománico asturiano y centenares de edificios históricos por toda la geografía española. Los registradores de la propiedad miraron para otro lado y en 2001, tras un grave incidente por la negativa de uno de ellos, el Gobierno del PP legalizó con carácter retroactivo su inscripción.

Se argumenta en la exposición de motivos del Real Decreto 1867/1998, de 4 de septiembre que: “se suprime por inconstitucional la prohibición de inscripción de los templos destinados al culto católico, y se admite, siguiendo las legislaciones especiales sobre Patrimonio del Estado y de las entidades locales, la posibilidad de inscripción de los bienes públicos con arreglo a su legislación especial (artículo 5)” En realidad el art. 5 reza así: “Los bienes inmuebles de dominio público también podrán ser objeto de inscripción, conforme a su legislación especial”.

Por si alguien tiene curiosidad, aporto el link de la ley aprobada en 1998.

https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1998-22517

En resumen, en el Registro de la Propiedad nº 13 de Valencia aparece hoy inscrito el Templo parroquial (Templo y dependencias complementarias) de la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles a nombre de la Iglesia Católica sin otro título distinto que la una certificación eclesiástica. Y ahora dirán ustedes, con la Iglesia hemos topado, pues sí, pero desde el punto de vista evangélico esta actuación de los hombres de la curia ¿está bien? A unos les parecerá que sí, y a otros les parecerá que no. Pero si les planteo la pregunta de otra forma, lo anteriormente descrito ¿es bien?

Creo que coincidiremos todos que no puede ser bien. BenEssere es otra cosa. Seguramente nuestros munícipes pensarán que bien parece, que está bien lo que bien está. Es el BenEstare italiano que implica aprobación, aunque un aprobado raspado, muy lejos del sobresaliente evangélico. Sea este artículo en memoria de Pepita, una persona que para mí fue un ejemplo pleno de benessere.

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