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Tanatorio mortal

  • Published in Juan Costa

Mislata es donde mejor se muere, con diferencia y desde hace muchos años, gracias a la sección de enfermos terminales del Hospital Militar que acumula premios por la calidad de los últimos días de vida que ofrece a pacientes, compartida y atesorada con mimo por sus familiares.

La unidad de cuidados paliativos del Hospital Militar hace lo imposible para aliviar la despedida de los enfermos y esto ha sido reconocido por la prensa médica especializada en muchas ocasiones.

La novedad es que ahora tenemos Tanatorio, mortal de necesidad, que recien inaugurado puede visitar durante la jornada de puertas abiertas de hace unas pocas semanas. Su personal es magnífico, pocas veces he visto personas tan entregadas y con una ilusión tan grande de prestar el servicio más profesional y cumpliendo con esmero la ética profesional en el trato de los difuntos y sus allegados.

Por cierto que es uno de los pocos sitios en que la máquina de café da tan buenos resultados. Hablando con los visitantes del día de puertas abiertas me refirieron la anécdota, que puede que sea apócrifa pero que me dió que pensar.

Uno de los primeros días después del fin de obra, todavía sin clientes, con el Tanatorio sin estrenar, el último empleado paseaba por el almacén anexo haciendo el recuento de los ataúdes, cuya variedad de estilo es casi infinita, al menos diez modelos distintos se apilaban sin desembalar en la oscuridad, finalmente y ante el silencio del teléfono que anunciara la llamada de un hospital o familia que reclamara el traslado de los restos de algún que otro finado el operario recibió el visto bueno de sus jefes para abandonar el recinto.

La noche era cerrada y la oscuridad del exterior emulaba la del almacén, solamente un par de luces de algún vehículo que pasaba a gran velocidad por la contornada dibujaba unas fugaces y luminosas interrupciones a la negrura que envolvía el edificio.

Y lo peor es que fuera hacía casi tanto frío como en las cámaras frigoríficas de las tres salas mortuorias bautizadas con nombres como Quint, Canaleta y Morería. El empleado sintió un escalofrío cuando al salir y cerrar con llave la puerta principal oyó unos gritos desgarrados que el fuerte viento amplificaba. Instintivamente agarró con fuerza su linterna y gritó : - ¿Quién está ahí?

Y entonces oye que le responden desde el techado del Tanatorio. - ¡Nosotros!, ¡somos nosotros!, ¡los electricistas...!, el viento ha tirado la escalera...

Con presteza el que se iba colocó en su sitio la escala para que los pobres electricistas ateridos descendieran. Por poco no se convierten en los primeros clientes del Tanatorio. No somos nadie, o como decían los romanos : Sic transit gloria mundi.

En conclusión si de todas formas tenemos que morir, mejor que sea en Mislata, que sigue siendo el lugar donde mejor se muere - con diferencia- en toda la comarca.

Aprovecho para felicitar las fiestas a los lectores de Mislata News, y desearles todo lo mejor para el 2018. A ver si conseguimos entre todos que mejore nuestra calidad de vida en todos sus tramos y episodios, especialmente en ese presente continuo que tan apasionante se promete, y cuyo mejor empleo es el de compartir vivencias que podamos atesorar como memorables con los amigos y familiares más queridos y cercanos.

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